¿Por qué vamos a hablar de ética cuando lo que de verdad importa son los resultados?,…
Como ven las preguntas anteriores están cargadas de escepticismo. En general los profesionales, los directivos, los universitarios,... ven con reticencia y mucho escepticismo todo lo que tiene ver con la ética. Todos ellos están muy influidos por la regla “MMPRDC" (Make more profit, the rest we don´t care about).
Es decir, sólo importan los beneficios[i]”, o cualquier otra similar (“show me the money”) que habrán oído hasta la saciedad (directa, o veladamente) en boca de sus presidentes, CEOs, directores generales, superiores jerárquicos, o accionistas,…Sin embargo, parece que suenan tiempos de cambio y todos podemos intuir que hay varias reflexiones que podrían aventurar que la situación está cambiando y que, por tanto, sí es oportuno reflexionar sobre estas cuestiones. Entre ellas, os traslado las siguientes:
1. Porque la ética empresarial está llegando, no siempre de manera voluntaria pero aunque sí de manera necesaria, a la empresa, a la economía y a las universidades y a las escuelas de negocios. El actual entorno económico mundial, caracterizado por el fenómeno de la globalización, resalta la relevancia de la ética como brújula imprescindible para resolver los conflictos que se dan entre la búsqueda del beneficio, o la satisfacción de los intereses particulares (ya sean individuales o empresariales) y las conductas que responden al bien común (supervivencia de la compañía, estabilidad económica, transparencia y confianza en el sistema,…). Los otros mecanismos de control de la actividad empresarial (el Mercado y el Estado) se han manifestado como insuficientes para producir las respuestas que demanda el actual entorno competitivo. Por otro lado, el comportamiento de las empresas y las consecuencias (negativas) de sus decisiones (deficientes) a nivel económico (crisis, capitalismo desenfrenado,…) no pueden disociarse del tipo de formación que reciben las elites económicas y financieras en las universidades y escuelas de negocios.
2. Porque no sólo corren tiempos de cambio en el comportamiento empresarial, sino que además el cambio se está instalando en el comportamiento del consumidor. Y como todos sabemos el cliente, finalmente, siempre tiene razón o, por lo menos, orienta la acción empresarial. “…si una empresa desea vender algo, su aroma indispensable será la honestidad; si una organización aspira a tener consideración practicará la transparencia; si una marca ambiciona gustar, deberá ser solidaria; si el sistema pretende seguir, necesitará confianza” (Verdú, 2009).
3. Porque los excesos (económicos, empresariales, sociales, medioambientales, personales) se pagan –antes o después- pero sobre todo porque se pueden curar, e incluso erradicar, interiorizando los principios y valores de la ética en el comportamiento profesional y empresarial. Los ejemplos son numerosísimos, lejanos y cercanos en el tiempo: el caso ENRON en 2001[ii], el caso de la multinacional italiana Parmalat en 2003[iii], el caso Bernard Madoff en 2009[iv],...
4. Porque la ausencia de ética en los negocios y en las empresas, siempre acaba siendo muy cara. “El que la hace la paga”. Y perder dinero –por ausencia de compromisos éticos, o por errores en los sistemas internos de control de lo que está bien y está mal, por defectos de “cumplimiento normativo”, o por que decimos una cosa y actuamos de otra manera,…- es siempre una inversión equivocada además de una solemne estupidez. Aunque, “ser ético no siempre paga”. Esto es, la ética no es una condición necesaria para hacer negocios pero su ausencia puede ser muy costosa para empresas y organizaciones.
5. Porque la presencia de la ética es necesaria para que el sistema funcione. Y la ausencia de ética de algunas empresas, o de algunos directivos, acaba afectando siempre al conjunto del sistema: desconfianza, crisis,…
6. Porque la dimensión ética de una empresa afecta y condiciona a sus dirigentes. Y, aunque las empresas están regidas por personas (con su esquema de valores individual) y, éstas, en el ámbito empresarial, suelen condicionar su modo de comportarse a la “personalidad ética” explicitada por la organización.
7. Porque la ética empresarial se puede educar. Las empresas pueden actuar (para mejorar) la personalidad y el comportamiento de las organizaciones, y reducir los riesgos derivados de comportamientos potencialmente peligrosos, y ahí interviene la ética.
8. Porque, cada vez está más asumido que una de las condiciones que las empresas precisan para tener éxito y sobrevivir es dotarse de un sistema ético que limite o reduzca significativamente los posibles contratiempos derivados de los dilemas y conflictos éticos que surgen en la actividad empresarial. La ética orienta y precisa sobre cómo se deben acometer los desafíos estratégicos de la organización.
9. Porque lo anterior no surge de manera espontánea.
10. Porque en el entorno empresarial se ha instalado un nuevo paradigma que asume que las empresas cumplen su papel siendo responsables con todos sus grupos de interés, es lo que ha venido en llamarse responsabilidad social corporativa (RSC). Hoy la sociedad está cada vez más comprometida con el comportamiento ético y el compromiso social, económico y medioambientalmente responsable (“tripple bottom line”).
[i] Texto extraído de la entrevista a Florence Noiville publicada por el diario Expansión el 24 de septiembre de 2011. Titulada “La ética no se contempla en las escuelas”.
[ii] El Escándalo Enron, octubre de 2001, condujo a la quiebra a la compañía energética estadounidense y a la desaparición de Arthur Andersen, una de las cinco sociedades de auditoría y contabilidad más grandes del mundo. Los accionistas de Enron perdieron cerca de $11 mil millones de dólares cuando el precio de la acción de Enron, que llegó a un máximo de US$ 90 por acción a mediados del año 2000, se desplomó a menos de $1 a fines de noviembre de 2001. La Securities and Exchange Commission (SEC) comenzó una investigación y su rival competidor Dynegy ofreció comprar la empresa a un precio de ganga. El acuerdo fracasó y, el 2 de diciembre de 2001, Enron se declaró en bancarrota. Muchos ejecutivos de Enron fueron acusados de una variedad de cargos y fueron, posteriormente, sentenciados a prisión. La compañía auditora de Enron, Arthur Andersen, fue inicialmente encontrada culpable y, aunque posteriormente la Corte Suprema de los Estados Unidos revocó la sentencia, perdió la mayoría de sus clientes y tuvo que desaparecer. Como una consecuencia del escándalo Enron, se promulgaron nuevas regulaciones y leyes para ampliar la exactitud financiera de las compañías en los Estados Unidos. Entre ellas la Sarbanes-Oxley Act.
[iii] En 2003 la multinacional italiana de productos lácteos y alimentación (entonces líder mundial en la producción de leche UHT) casi desaparece como consecuencia de un fraude financiero causado por el fundador Calisto Tanzi.
[iv] Bernard Madoff fue una de las personalidades más influyentes de Wall Street, en el momento de su detención en 2009 contaba con 70 años y un claro prestigio como inversor técnicamente solvente, bien relacionado y con un “background” en el mercado sólido y exitoso. Durante años había sido presidente del consejo de administración del índice NASDAQ. En dicha fecha fue acusado de articular un fraude financiero basado en un esquema Ponzi (o estafa piramidal). Se trata de un tipo de fraude que consiste en pagar las rentabilidades prometidas con el dinero que va entrando de nuevos clientes del fondo de inversión. La representación gráfica sería como una pirámide invertida, de tal modo que en la base se encuentra el primer inversor y éste va recibiendo plusvalías de los nuevos accionistas que entran. El problema es que si dejan de entrar nuevos clientes, la pirámide se derrumba. “Oficialmente”, Madoff invertía el capital captado en acciones de grandes compañías y opciones de compra de esos títulos. Ofrecía altas rentabilidades -entre 10-12%-, que nunca se veían afectadas por los vaivenes de los mercados, algo muy inusual. La realidad es que invertía sólo una pequeña parte de esos fondos y la mayor se utilizaba para pagar a los antiguos clientes. En 2008 la crisis financiera provocó que entraran cada vez menos clientes y Madoff no tuvo liquidez suficiente para hacer frente a los pagos de los inversores que querían recuperar su capital, el dinero se había evaporado en el pago a otros que se fueron antes.