Responsabilidad Social de los clubes. Dado que la influencia social en valores es uno de los impactos más grandes que tiene el deporte, sería deseable que los clubes de referencia emprendieran un camino de compromiso para gestionarlos proactivamente en el marco de su RSC.
La dificultad se encuentra en cómo incorporar la RSC dentro de la estrategia de la organización, en sus valores corporativos, e incluso en su misión y visión. Si un club tiene como única estrategia corporativa ganar títulos, parece evidente que, aparte de los riesgos inherentes a descuidar todo de otros aspectos, se hará difícil construir una RSC que se pretenda integral.
El Barça dispone de un interesante modelo de RSC y en un artículo anterior ya situamos su clave estratégica: pasar de un club local a un club global, sentando las bases para reinterpretar el lema del "más que un club ", haciendo compatible la interpretación en clave nacional catalana con una nueva interpretación en clave cívica global. El FC Barcelona está consiguiendo la diferenciación respecto a su rival por la vía de la RSC, del compromiso con unos valores sociales y deportivos.
Liderazgo
Lo que hace que finalmente la RSC tome una forma coherente y sea creíble en una organización es el liderazgo. Sin liderazgo no hay alineamiento, y sin coherencia no puede haber credibilidad. La contraposición de Guardiola y Mourinho hace que la gestualidad de un acentúa la del otro y viceversa.
En la casa blanca no pueden sentirse cómodos con los excesos de un entrenador que está conllevando la pérdida de reputación corporativa.
Dos modelos de empresa
Da la sensación de encontrarnos ante una confrontación entre dos modelos de empresa que identificaríamos con el típico modelo industrial y el modelo más propio de la sociedad de conocimiento.
El Barça ha entrado en este nuevo modelo, que incluye la gestión de la Responsabilidad Social, lo que le confiere una ventaja competitiva que es conocido pero que es prácticamente imposible de replicar -al menos en los mismos términos- porque está conformado por la combinación de muchos elementos inmateriales.
Tras los inciden
tes ocurridos hace unos días, en el partido Barça-Madrid, jugado en el Camp Nou, de vuelta de la final de la Superior rcopa, todo llega al punto más álgido. Unas organizaciones que preferentemente no venden productos si nó un sentimiento deportivo han de saber gestionar la adhesión afectiva de millones de ciudadanos de todo el Planeta. No es nada fácil, pero todo parece indicar que la gestión de la responsabilidad social como un activo estratégico tiene un papel muy relevante. Hablamos de valores organizacionales, de alineación estratégica, de conexión con los públicos ... y, como siempre, lo que representan en sus respectivas naciones, y ahora, del significado que toman globalmente.
"Algún día nos haremos daño"
Pero el desenlace no se limita solamente a materia reputacional, sino que existe otra derivada más y que el mismo Pep Guardiol
a ha verbalizado: "algún día nos haremos daño". A lo largo de estos tres años, Guardiola ha tratado de sacar dramatismo y rebajar la carga épica afirmando que sólo es un deporte, o con frases del tipo que sólo se trata de unos jugadores que corren detrás de una pelota. Se hacía raro en aquellos momentos su esfuerzo para aguar el vino... ¡Qué clarividencia! Es como si anticipara que los éxitos que irían viniendo no se harían soportables para el máximo contrincante.
Como consecuencia, mientras que en todo el mundo el Madrid genera adhesiones y animadversiones, el Barça sólo genera adhesiones. Con la excepción de España, el Barça ha sabido encontrar el punto de estima global. En la medida que el Barça es la principal carta de presentación de un país, Cataluña, esta es una dimensión fundamental y estratégica que rebasa los intereses del club.
Esta identidad de entrada positiva no es tal entre ciertos segmentos de población española, especialmente entre aquellos en los que se mezcla el madridismo il'espanyolisme, es decir, aquellos en los que la rivalidad deportiva queda amplificada por una discrepancia nacionalista, aunque el discurso dominante oculte esta dimensión sin la cual toda comprensión queda coja. No es un tema menor y, desde nuestro punto de vista, nos atreveríamos a hablar de la interferencia de la xenofobia histórica documentada.
Es por ello que en una sociedad donde el deporte es muy importante desde el punto de vista sociológico y de la gestión de las identidades colectivas, hay que tener cuidado en no jugar con fuego, dando un exceso de trascendencia en eventos deportivos.
Y Mueve juega con fuego explotando esos sentimientos porque sólo le preocupa su carrera profesional, y está dispuesto a dejar tierra quemada tras sus pasos. De alguna manera el entrenador portugués sabe valerse impunemente de esta animadversión para proteger sus intereses personales.
Será bueno que el FC Barcelona desarrolle intensamente sus valores y su estrategia corporativa pensando al mismo tiempo en la proximidad y en la dimensión global, circunscribiendo la relación con el Madrid y todo lo que representa una rivalidad exclusivamente deportiva.
El Barça tiene una función social, una responsabilidad ante la sociedad, que no puede dañar. No puede caer en la trampa, ya que ni deportivamente, ni corporativamente, ni nacionalmente sacaría nada de provecho. El club debe poder ayudar, como ha hecho siempre, a integrar los recién llegados al país y debe actuar de símbolo que aglutine valores significativos.
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