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Que otro mundo es posible, no hay duda. Desde Diario Responsable se ha escrito mucho sobre él así como desde otras plataformas y foros.

A veces una piensa que la afirmación es fruto de esa vena soñadora que la realidad aún no le ha obturado y que sigue regando la existencia porque de otro modo ésta dejaría de tener sentido.

A menudo, cuando tengo la ocasión de hablar de responsabilidad social, suelo ejemplificar mi convicción por esta manera de gestionar la realidad diciendo que en mi adolescencia pensé que podía cambiar el mundo y que en el paso de los años el mundo me hizo pensar que era él quien me cambiaba y hacía que dejara de soñar que yo / nosotros podíamos reconstruirlo. Cuando oí hablar de la responsabilidad social me convencí que el mundo puede cambiar de verdad y vi en ella la herramienta para hacerlo.

A medida que trabajaba en este sentido y me relacionaba con personas e instituciones que hacían lo mismo me di cuenta que aunque había quien apostaban por un cambio desde la raíz, éste parecía frenarse a pesar de todas las herramientas de diagnóstico que iban saliendo al mercado, las buenas prácticas que se iban publicando, las herramientas de gestión de las memorias sociales, los debates, jornadas...y empecé a pensar que muchas de las personas que hablaban de ella no apostaban de verdad por la responsabilidad social sino que se apuntaban al carro porque ahora tocaba hablar desde ese paradigma si se quería ser escuchada y tenida en cuenta.

Y nos perdíamos en memorias sociales que tan fácilmente pueden ser maquilladas y convertirse en guiones de las mejores películas fantásticas, en códigos éticos pomposos y bien escritos que se olvidan en alguna carpeta de nuestro escritorio, en normas, herramientas y palabras que no acababan de cuajar.

 No es que todo esto no esté bien...es que lo usamos mal y como disfraz para seguir haciendo lo de siempre.

 Me reitero en que la pyme es y me parece más auténtica en estos quehaceres que las grandes, grandísimas empresas que hacen mucho daño a la imagen de la RS (responsabilidad social). Siguen en ello, en este empeño por empañar el cambio real de la manera de entender las empresas, las entidades, las relaciones sociales y la mismísima persona como ciudadana responsable.

 Siempre pensé y manifesté que las personas somos las que tenemos el verdadero poder para cambiar las cosas a través de nuestros actos de consumo, a través de nuestra participación en la sociedad sea cuál sea la manera y la fórmula.

Lo complicado era organizar a toda esta masa y hacer que con una información verídica y real hicieran que la sociedad cambiara de rumbo para organizarse de otra manera y ser más humana, igualitaria, racional y regida por el sentido común partiendo de la base que todos y todas somos ciudadanos del mundo y tenemos el deber de construirlo y el derecho de disfrutarlo.

 Un paso más se ha dado en este sentido con el movimiento del 15M. En él hay mucho de responsabilidad social, hay todo de RS y desde él se habla de cómo construir una nueva sociedad más justa y humana.

Las personas que trabajamos, hablamos, estamos y tenemos en la sangre la filosofía de la responsabilidad social no debemos – desde mi óptica – evitar o ignorar tal realidad ni tampoco manipularla para hacer que parezca una nimiedad, una anécdota...

Siendo como somos personas que creemos que podemos hacer un mundo mejor y en ello estamos cada una desde su espacio, no sería digna tal actitud.

 Hablamos de lo mismo sólo necesitamos escuchar atentamente. Somos los mismos sólo tenemos que verles y mirarnos.

 No se trata de mirarlos y hablar de ellos sino de unirnos y hablar con ellos. Nunca tuvo tanto sentido hablar de RS como ahora, lo que durante años hemos dicho parece que hasta podemos hacerlo...ahora se verá quien es quien en esto de la RS. El espectáculo ha empezado, en él estamos y podemos co-escribirlo.

 

 ¿Dónde estás tú en el patio de butacas o en el escenario?

 

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