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Invertir en los 1.200 millones de adolescentes de entre 10 y 19 años que hay en el mundo puede ser muy rentable. Será posible de esta forma acabar con el arraigado ciclo de la pobreza y la disparidad. Así lo afirma UNICEF en su informe El estado mundial de la infancia 2010: La adolescencia, una época de oportunidad.

El estudio establece que las inversiones en niños y niñas menores de 10 años en los últimos años han logrado avances muy significativos y que se han concretado entre otros aspectos en una reducción de un 33% en la tasa de mortalidad de menores de cinco años y en un incremento en el nivel de escolarización de las niñas, casi a la par con la de los varones. Además, millones de niños disfrutan del acceso al agua potable y las campañas de vacunación están muy extendidas.

Sin embargo, estos avances se ven desdibujados al llegar a la adolescencia. Más de 70 millones de adolescentes en edad escolar no asisten a clases y el problema se agudiza en el caso de las chicas. UNICEF recuerda que si los adolescentes no reciben educación no podrán recibir los conocimientos y aptitudes que se necesitan para eludir la explotación, el abuso y la violencia a la que se ven expuestos en muchas ocasiones.

Un mercado laboral cada vez más tecnificado demanda conocimientos y aptitudes con los que muchos jóvenes no cuentan por lo que se ven abocados a la marginalidad. UNICEF añade que no solo se derrocha el talento de estas personas, sino que en muchos países con una numerosa población adolescente podrían aprovechar con las inversiones necesarias la riqueza de una fuerza laboral que podría contribuir de manera significativa al crecimiento de sus respectivas economías.

El informe concluye que los adolescentes se enfrentan a un gran número de desafíos, entre los que destacan la actual inestabilidad económica o la degradación del medio ambiente, pero también  tienen ante sí importantes retos de cambio.

Con el fin de  capacitar a los adolescentes para que puedan superar estos desafíos, los autores del informe proponen que se realicen inversiones en una serie de áreas primordiales. Por ejemplo, en educación, para que cuenten con los medios necesarios para superar la pobreza y hacer aportaciones valiosas a las economías de sus países.  Además, se deben fomentar leyes, políticas y programas que protejan los derechos de los adolescentes y que les potencien para que puedan superar las barreras que les inmpiden el acceso a los servicios esenciales.

También se consideran esenciales las inversiones en la profundización de la lucha contra la pobreza y la desigualdad mediante programas que tengan en cuenta las necesidades de los niños a fin de prevenir que los adolescentes tengan que iniciar una vida de adultos de manera prematura.
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