Ricardo Fernández García

Si hay algo que no quieren los inversores son las sorpresas. Y es lo que el gobierno pretende mediante la ley de Economía sostenible. En este artículo se trata de desgranar esta ley, ahora el Parlamento, para que valoremos su idoneidad.

 

Ricardo Fernández García

Ricardo Fernández GarcíaSi hay algo que no quieren los inversores son las sorpresas. Y es lo que el gobierno pretende mediante la ley de Economía sostenible. En este artículo se trata de desgranar esta ley, ahora el Parlamento, para que valoremos su idoneidad.

 

.- Su justificación.

 

En España están ocurriendo de forma simultánea, desde el año 2007 cuatro crisis de forma simultánea:

 

  • -Una fuerte crisis financiera internacional.
  • -El final de la burbuja especulativas inmobiliaria española.
  • -Una crisis de competitividad probablemente más fuerte de nuestra historia económica.
  • -Un exagerado déficit del sector público, que ha alcanzado entorno a un 11,4% del PIB en 2010, porcentaje jamás alcanzado en nuestra historia.


Nuestro país, además de la crisis económica tiene desafortunada y quizás injustamente, tiene una imagen bastante deteriorada debido a su indefinición del modelo de estado, su grave problema institucional y un más que importante problema de valores.

 

Y esta imagen deteriorada ha hecho reaccionar en contra nuestra a los mercados.

 

Ley de economía sostenibleTenemos que crear condiciones para que nuestras empresas sean competitivas. Y estas condiciones no son sólo una nueva reforma laboral que varíe el marco de flexibilidad en el despido o la contratación sino que tenemos que mejorar en el ámbito educativo, acabando con el tremendo fracaso escolar que tenemos, que aunque genera una mano de obra muy barata, tiene para el país un coste económico y social insostenible.

 

Sin duda hay una parte de nuestra sociedad que está acostumbrada a hacer esfuerzos y otra a la que, quizás, se le da mucho sin pedir nada a cambio. Y esto hay que corregirlo desde la escuela.

 

.- El cambio de modelo en España.

 

Aunque en España hay compañías tremendamente competitivas, que se han adaptado muy bien a la nueva situación del euro como Inditex, Repsol, Santander, Mango… con unos modelos de gestión estupendos y muy eficaces, sin duda tenemos que mejorar en la competitividad, eficiencia y la eficacia de nuestro modelo.


Hasta ahora nos hemos basado en un modelo de producción a bajo coste que, ante una situación de crisis se solucionaba devaluando la peseta, con el consiguiente aumento en la inflación y empobrecimiento del país y de sus habitantes. Pero ahora, afortunadamente estamos en la zona Euro y sus “reglas del juego” no nos permiten esta devaluación.


Estar en la zona Euro significa que estamos o hemos dejado de ser un país de mano de obra barata y poco cualificada y que estamos pasando a ser un país intermedio y no tan barato, y por tanto, los procesos productivos, obviamente, no son los mismos.

 

Nuestra solución para mejorar la competitividad no está en el precio, es un problema de innovación, diseño, I+D+i, imagen…

 

España necesita desarrollar su nivel tecnológico. Su modelo de futuro pasa inexorablemente por ahí. Dentro de veinte años no podremos basar nuestra economía en seguir siendo fabricantes de coches, de electrodomésticos o de muebles y pretender competir por precio. Y el modelo tradicional, basado sólo en construcción y turismo, no bastará para ser competitivos. Hay que construir un modelo de desarrollo tecnológico y de exportación de “know how”.

 

Precisamos un modelo a largo plazo, basado en una base industrial amplia dotado de instituciones dedicadas a investigar e innovar, apoyadas por el

 

Estado y una adecuada coordinación y conexión entre las grandes empresas pymes, Institutos tecnológicos y Universidades.

 

Es imprescindible que haya inversión,  que se creen puestos de trabajo. Y para ello hay que generar atractivos, especialmente en un momento en que los inversores tienen recelo sobre el futuro de España. Y una de las mejores formas de atraer la inversión es con incentivos fiscales. Este tipo de políticas son importantísimas.

 

Por otra parte, es insostenible mantener tasas de inflación mucho mayores que nuestros homónimos en la Unión Europea. Diferenciales de un 1 ó 2% estructurales en el tiempo no son sostenibles ya que lastran tremendamente nuestra competitividad.
Tenemos, además, grandes empresas muy bien posicionadas en los mercados internacionales, como constructoras o eléctricas, presentes en estos sectores de futuro. El tejido existe, pero hay que mantenerlo e impulsarlo con políticas a largo plazo.
Tenemos que mejorar nuestro nivel de productividad. Ser productivo significa hacer lo mismo con menos gente o más con la misma. Por tanto si queremos que descienda el paro tenemos que generar un crecimiento que además de absorber el factor productividad genere empleo. De ahí esa regla económica que dice que sólo se crea empleo cuando el PIB sube por encima de un 2%. Y esto implica una inversión educativa y tecnológica creciente

 

.- Las principales reformas propuestas.

 

Veamos sus principales reformas:

 

  • - en el ámbito laboral, en el marco del diálogo social.
    • la reforma de la negociación colectiva
    • el fomento de empleo de los jóvenes
  • - en materia medioambiental
    • ley de eficiencia energética
    • un plan de implantación de vehículo eléctrico
  • - en el ámbito económico.
    • un plan de acción contra el fraude y la economía sumergida
  • - en el ámbito financiero
    • la reforma de la ley de cajas


.- Reforma laboral.

 

Sin duda hay que facilitar la labor al empresario. Este tiene que poder realizar nuevos contratos indefinidos sin percibirlos como un lastre, como ocurre hoy, a diferencia con el contrato temporal. No es importante si el empleo es caro o barato, ha de existir la adecuada flexibilidad.
Esta reforma laboral debe de reducir o eliminar la brecha entre los contratos temporales, sin duda penalizados, e indefinidos, quizás con un menor coste del despido. La clave es que el trabajador despedido pueda recolocarse rápidamente. Recordemos que el trabajador despedido lo que quiere no es cobrar un dineral por su despido, sino volver a trabajar.

 

.- Reforma educativa.

 

Hay que prestar una atención muy importante a la educación, sin duda la inversión más rentable que hay.

Precisamos un cambio educativo y en valores para pasar del país de mano de obra barata y poco cualificada que fuimos al país intermedio y no tan barato que somos.

Esto conlleva un cambio en los sectores productivos que requieren, sin duda, una mayor cualificación profesional para responder a los nuevos retos.

En términos económicos la educación:

 

  • -ayuda a la población a ajustarse a las condiciones adversas y a encontrar empleo, si se destruye el que tenían
  • -permite que las personas sean más productivas, capaces de usar lo último en tecnología.


El tremendo fracaso escolar que tenemos es insostenible. Cierto es que permite una mano de obra muy barata pero con un coste económico y social elevadísimo para nuestro país. No podemos mantener un 40% en desempleo juvenil. Es una cifra que compromete nuestro futuro.


Finalmente señalar es esfuerzo necesario en la formación profesional y en el reciclaje de empleo. No saldremos de la crisis mientras no reciclemos a los millones de antiguos trabajadores de la construcción, sector de mano de obra intensiva, en su mayor parte sin cualificar y, por tanto, con un nivel de formación baja.


Son trabajadores que están siendo excluidos del nuevo modelo productivo. Es imprescindible una mejora de su cualificación profesional para abrirles de nuevo las puertas del mundo laboral.

 

.- Incentivación al sector de la construcción.

 

Cierto es que la construcción nuca volverá a ser lo que fue. Pero es imprescindible mantener una cierta actividad en este periodo de transición en el que reconvirtamos a este sector de mano de obra intensiva, y en su mayor parte sin cualificar.


Si no mejoramos su formación y cualificación laboral, los estaremos expulsando del mercado laboral.
Por tanto veo como imprescindible esta incentivación.

.- Necesitamos ilusión.

 

España no está ilusionada, se echa de menos un gran acuerdo nacional que, increíblemente, no se ha producido, que nos permita estar a la altura de las circunstancias precisamente porque el mundo ha cambiado mucho.


Como se ha indicado, precisamos incentivar la formación que evite la exclusión laboral de muchas personas, en muchos casos jóvenes como son los antiguos trabajadores de la construcción o los planes de empleo rural o prejubilados con muchos conocimientos pero que no han podido, en muchos casos, adaptarse a las nuevas tecnologías.


Precisamos generar confianza en el futuro, que se vea un proyecto de país, de nación, que se sepa que lo que se dice se ha a hacer.


España es un país que ha demostrado que puede aspirar a continuar nuestro proceso de modernización en el seno de una Unión Europea fuerte.
Sin duda esta crisis acabará bien, Acabará introduciendo, como todas las crisis, cambios y ajustes que van a permitir un funcionamiento más racional del sistema económico.

 

.- En resumen.

 

España está en un momento de transición. Está en el momento del cambio de tener un modelo de producción de bajo coste y baja cualificación a ser un país intermedio y no tan barato, con el consiguiente cambio de modelo y procesos productivos.

 

Se requiere, por tanto, un cambio en el modelo productivo. Pero esto no lo va a hacer el Gobierno, ni el PSOE o el PP, ni las autonomías, esto lo tiene que hacer la sociedad en su conjunto, el país.

 

Pero es imprescindible además de un consenso social un guía, un líder, alguien que aglutine esfuerzos, que lidere la necesaria reforma en nuestro modelo de estado y la reforma de valores.

 

Es igualmente necesaria igualmente una reforma laboral pactada entre el Gobierno, las grandes empresas industriales y los sindicatos donde se debata qué es lo qué hay que hacer para superar la crisis.

 

Un ejemplo es el sistema de trabajo a tiempo parcial o el famoso modelo alemán el cual supuesto una gran ayuda, porque no pierdes a la gente capacitada, no pierdes conocimientos y simultáneamente tienes una gran flexibilidad para afrontar la crisis y adaptar nuestras diferentes líneas de negocio a las circunstancias del momento.

 


Los verdaderos protagonistas deben ser los agentes económicos y sociales y, como resultado, toda la sociedad española. La tarea no es sencilla, pero la empresa merece nuestro esfuerzo colectivo.

 

No es un cambio fácil ni rápido, pero es imprescindible para generar la necesaria confianza en los mercados y mejorar nuestra imagen como país.


 

Dr. Ricardo Fernández García

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