En el ámbito tanto profesional como personal me veo a menudo abocada a la defensa de la responsabilidad social.
Sigue habiendo reticencias sobre sus beneficios y sus resultados. La apuesta por la responsabilidad social sigue siendo para muchas personas una cuestión de fe más que otra cosa, especialmente aquello que tiene que ver con la gestión de las personas.
Poco ayuda que los gobiernos municipales, autonómicos e incluso a nivel de país hagan desaparecer ministerios, concejalías, departamentos dedicados a temas íntimamente ligados a la responsabilidad social: concejalía de los usos del tiempo en el Ayuntamiento de Barcelona, la Dirección General de Igualdad en la Generalitat de Cataluña, el ministerio de Igualdad en el gobierno de España...
Visto así cuesta de creer que apostemos por cambios profundos cuando lo primero que nos cargamos son aquellas instituciones que los aseguran y pueden legislarlos.
O bien quien los constituyó no creía en ellos o bien los que llegan creen que son superficiales.
El caso es que no forma parte del programa y no parece depender del color político sino de algún otro factor. (Sigo pensando que tiene mucho que ver el miedo al mismo cambio y a la pérdida de posiciones de poder por el poder).
Sí, realmente si paro a pensarlo hasta una que está convencida del efecto de la poderosa herramienta de cambio que es la RS...hasta yo – decía - empiezo a dudar a no entender qué está pasando.
De acuerdo en que la RS tiene que ser una estrategia transversal, pero eso tendría que ser en un estadio en que ella estuviera lo suficientemente desarrollada. Situación en la que aún no nos encontramos.
Por otra parte están los premios, las jornadas, las publicaciones que publicitan marcas, empresas y buenas prácticas de las que todo el mundo duda y que siguen viendo la RS como algo que ahora toca hacer para vender más, para estar en el punto de mira pero sin un objetivo más ambicioso...es aquello de cambiar algo para que no cambie nada.
No hace mucho salía en el dominical de El País las fotos de los equipos directivos de las grandes empresas españolas...la presencia femenina es ridícula en la mayoría de ellas sino inexistente y éstas son las empresas que tienen que no sólo ser pioneras en estos cambios, en esta apuesta por la RS – sigo centrándome en el ámbito de los recursos humanos - sino también parecerlo.
De igual manera la foto del nuevo gobierno autonómico catalán donde la presencia femenina es ínfima.
No vamos bien. Lo siento pero nos vale que nos digan que las mujeres rehuyen el poder, los cargos directivos...que hay pocas mujeres preparadas para ello...topamos de nuevo con la auténtica RS, la de los cambios profundos la que gestiona la conciliación de la vida personal, familiar y laboral y por ese orden, la que es igualdad de oportunidades, la que promueve unos horarios más racionales para todo el mundo, la que trabaja por objetivos y no por cantidad de horas presenciales en la empresa, la que cree que la paridad da mejores resultados...
Una vez más creo que la responsabilidad social auténtica está en la pyme que viene pisando fuerte, por suerte, aunque los resultados tarden un tiempo en poderse cuantificar, en ser realmente visibles.
Hacemos un flaco favor a esa responsabilidad social que defendemos cuando no somos críticos con todos los actos, publicaciones y reconocimientos que presenciamos y menos aún cuando los difundimos de una u otra manera.
Hacemos un daño impresionante a esa responsabilidad social que defendemos cuando desde los lugares de poder invisibilizamos organismos, herramientas para trabajar de forma pública la misma. Aún no puede ser transversal algo que no ha cuajado en todos los ámbitos de la gestión de la sociedad. Tenemos esta asignatura pendiente aún.
Y la responsabilidad social tiene que ser ahora, en época de crisis, de cambio, la herramienta imprescindible para la proactividad, para gestionar un cambio que estamos de acuerdo que es necesario y fundamental ¿o no?
Así que más que nunca debe ser prioridad a todos los niveles y especialmente a nivel político...
Una cree en la fuerza de la responsabilidad social que aunque lenta es efectiva y motor de cambio profundo.
Por eso cuando una ve ciertas maniobras, ciertas noticias, ciertas realidades se relee las buenas prácticas de las empresas pequeñas, locales y vuelve a creer que un mundo diferente (léase mejor) es posible.
Montse Cusachs