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El estudio desde la psicología de modelos de organización, relativos a hábitos de consumo, comunicación suele olvidar un aspecto importante, la naturaleza humana más básica e instintiva de supervivencia. Los medios de comunicación se regodearán constantemente durante estos días sobre una noticia que debería causar reflexión entre la relación cliente - empresa, y como un cliente sin nada que perder puede hacer perder la vida a quien cree culpable.

 

Sin embargo lo más probable es que la repetida imagen en medios no provoque reflexión en empresas (concretemos, personas que dirigen empresas y miran balances), si no más bien puede provocar más reacciones de gente que no tiene nada.


Juanjo Martí Noguera

Juanjo Martí
La sociedad de consumo deshumaniza, muchas personas lo saben, lo siente, pero está estudiado y bien investigado desde la psicología que si un hábito puede generar apegos a cosas materiales, motivando que la compra resuelva "aparentemente" la soledad, bienvenida sea la maquinaria que nos haga ver a personas mayores en residencias, recogiendo comida en contenedores de basura, o durmiendo en las calles. No importa, pues el cerebro evita mediante el desenganche moral explicado por Bandura, asumir que eso está pasando, no pararse a pensar que siente la otra persona, y seguir con un proceso de compra que satisfaga necesidades creadas.

 

Comentaba yo, personalmente, hace dos semanas con variedad de operadores/as de vodafone que no entendía porqué no podía cancelar mi contrato si habían pasado 18 meses. Uno a uno me conminaban a seguir con otros contratos, sin facilitarme documentación que avalase porque razón se había prorrogado automáticamente mi contrato 12 meses más. La comercial se esfumó, y cada vez era más difícil ser atendido en menos de media hora por máquinas automáticas que solicitaban claves. Acabé preguntando a la operadora si ella era feliz engañando a la gente, pero replicó que era la empresa, y que debía contestarle porqué quería dejar vodafone. Le comenté que por salud mental, a lo cual replicó que eso no era una respuesta, que ella tenía que teclear una razón y yo aceptar pagar una penalización o continuar.

 

Es un ejemplo, no para que use mi escopeta de caza para buscar un culpable llamado empresa, pero si para comentarlo con gente que día a día en su banco se ve en el compromiso de dejar a gente sin hogar, vender seguros, sabiendo que demasiados productos tienen letra más que pequeña, o perder el empleo. 

 

Otra imagen reciente, bomberos reclamando que no se empeoren sus condiciones de trabajo en Barcelona, bajo la atenta mirada y porra de 100 mossos d'esquadra. Algunos saben que tal vez también ellos, los mossos, algún día tengan que reclamar, vigilados por el ejército en estado de alarma. Pero ahí estaban, en su momento de proteger otro ente llamado ayuntamiento.

 

Las sociedades que deshumanizan pierden el control, y eso está probado también desde la psicología, y sin nada que perder nuestro querido cerebro desconecta las dos capas evolutivas, la cognitiva racional, y al emocional, dejando un primitivo cerebro reptiliano que solo actúa por el básico impulso del odio. Y un reptil no entiende de empresa o ayuntamiento, entiende de la persona que lo representa.

 

Si Europa no quiere parecerse a algunas ciudades de países con fuertes desigualdades, en los cuales los barrios de gente no pobre viven entre verjas, aislados del entorno; o invertimos en reflexión, o bienvenidos a un mundo en el que fabricantes de chalecos antibalas van a hacer su agosto, los estados de excepción serán constantes, y el ejército los mejores pagados, y por supuesto, privatizado.

 

A modo de conclusión, un minuto de silencio, y 24 horas de reflexión.

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