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 Las comunidades sociales de internet han supuesto un gran avance para generar avances culturales, pues a fin de cuentas participan personas de diferentes lugares físicos compartiendo un tema de interés común, y facilitándose reflexiones, informaciones, aportaciones... son las nuevas ciudades estado griegas, los Burgos medievales... del S.XXI, la evolución de la construcción cultural. Cuando la cultura RSE trasciende las "fronteras" de la gente que la comparte hacia la sociedad en general, y en este caso, el "universo" empresarial en particular, puede no encajar, frenarse y agobiar a la parte que transmite y la que atiende ¿por qué si parece lógico que sea una mejora global?

La explicación debemos buscarla en quien es la persona destinataria de la información, en este caso individuales alienados con otro modelo de funcionamiento que durante tiempo ha marcado la pauta de crecimiento económico y desarrollo social, personas que psicológicamente han interiorizado, compartido y desarrollado un modo de pensar, actuar, sentir y obviar informaciones que no eran vinculantes para su cometido, ni compartidas como cultura empresarial en su entorno.

Si bien es cierto que la información con internet está al alcance de la mano, está fallando una formación que nos capacite para analizar las pequeñas variables que tienen gran incidencia en el desarrollo humano, como por ejemplo el cerebro. El órgano por excelencia humano, con sus desarrollos y limitaciones, una vez llega a la edad adulta pierde biológicamente plasticidad neuronal, deja de ser tan capaz de aprender nuevos conceptos si bien mejora el rendimiento en todos los relacionados con su base de conocimiento almacenada en redes neuronales complejas e interaconectadas con valores, sentimientos, deseos y miedos.

Las dinámicas de pensamiento impulsadas desde la filosofía a lo largo de la historia, casi siempre unidas a momentos de desarrollo económico, permiten ver que desde hace siglos hay líneas que apuntan a la mejora de la sociedad en base a la persona, sin embargo siguen siendo grupos minoritarios y en sociedades desarrolladas los que realizan esta función de reflexión y construcción. Metafóricamente hablando, en un cerebro social, son la consciencia de sentir que se puede ir a mejor, aunque mientra predominen áreas de dicho cerebro social que tengan más interés en impulsos primarios (entiéndase como necesidad de comer, afecto, seguridad), no se va a dar un progreso más global, pues el peso del instinto es mayor al del razonamiento.

La incidencia de las comunidades globales que trabajan la RSE orientada hacia empresas, gobiernos u organizaciones topa con una realidad biológica, la etapa de máximo esplendor del cerebro de una persona adulta ya en la mayoría de casos alcanzó su pico tiempo atrás. Es decir, partiendo de unas lecciones de biología evolutiva o neurociencia social, sería más aconsejable abordar la RSE en base a quienes serán las próximas generaciones que adopten el rol de gestionar los mecanismos que conforman la sociedad, pues las próximas generaciones están formándose y pueden formaRSE.

En economía una operación que dé importantes dividendos a largo plazo, incluso más allá de la propia dirección del equipo concreto que las impulsa, es viable. Siguiendo este ejemplo, las personas y comunidades sociales que impulsan la RSE deben proyectar que el éxito puede que se de como el del Cid campeador, quien vencía batallas después de muerto. 

 

En conclusión hay que avanzarse a dos niveles, el actual de acción y redefinición, y el futuro en base a educar y posibilitar que la masa social que haya absorbido esas bases de cultura socialmente responsable las aplique en un entorno mayor en el que serán comprendidas y apoyadas.

 

Si alguien llegó hasta aquí, comentar que soy psicólogo y durante el 2011 doctorado, con lo cual tras haber leído todo y más sobre el cerebro y la influencia en el desarrollo organizacional, quedo abierto a compartir las interesantes lecturas que he encontrado.

 

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