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El sector empresarial ha tenido en la competitividad su enfoque, establecer el mejor producto o servicio bajo unos parámetros de calidad y precio conformaban el reto a conseguir para posicionarse, crecer y ganar cuota de mercado.

 

 Juanjo Martí Noguera

Juanjo Martí Noguera

El sector empresarial ha tenido en la competitividad su enfoque, establecer el mejor producto o servicio bajo unos parámetros de calidad y precio conformaban el reto a conseguir para posicionarse, crecer y ganar cuota de mercado. En este marco, la innovación tecnológica juega un alto papel dado que reduce costes y produce mayor eficiencia, en muchos casos adelantándose al desarrollo humano, con lo cual la tecnologización de la industria ha implicado que el trabajador no cualificado quedase “fuera de juego”, siendo necesarios nuevos perfiles adaptados al cambio y al reto de ser competitivos. Sin embargo, entre los retos de la responsabilidad social está el harmonizar el desarrollo económico y social para evitar un descuadre entre población ocupada y población con riesgo de exclusión sociolaboral.

 

¿Cabe sustituir la competitividad por otra concepción? En este caso desde un enfoque de responsabilidad social, cabría entender el desarrollo socioeconómico bajo lo que denominaríamos “colaboratividad”, en línea con el concepto de cooperativas, asentadas sobre emprendimientos empresariales entre pares en un territorio, y el desarrollo tecnológico de entornos colaborativos que permiten el trabajo virtual y la generación de proyectos internacionales basados en el conocimiento.

 

Existen los fundamentos para trabajar desde otra visión el desarrollo empresarial, así como unas dinámicas y metodologías incipientes; dado este panorama, cabe dar sentido y habilitar contenidos en la formación en sus distintas fases (primaria, secundaria, técnica y superior).

 

Asumir una responsabilidad hacia la sociedad, tiene que venir acompañada de un marco de interacción que fomente esta perspectiva común. La competitividad es buena, siempre y cuando se fomente en el espíritu de bien común o corre el riesgo de comportar actuaciones de bajo perfil hacia la responsabilidad, cuestión que desde un supuesto de colaboratividad, se puede vivenciar el competir siempre y cuando la meta sea potenciar el avance común.

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