La semana pasada leí una entrevista a Joe Dispenza y además tuve el placer de hablar con mi amigo Alberto - gran filósofo y conversador - sobre Punset y su hija que se ha estrenado en el programa El Hormiguero de Cuatro. Unos y otra hablaban de algo que me parece esencial en la Responsabilidad Social y si me acompañáis intento desmenuzarlo con vuestra compañía.
Montse Cusachs

La semana pasada leí una entrevista a Joe Dispenza y además tuve el placer de hablar con mi amigo Alberto - gran filósofo y conversador - sobre Punset y su hija que se ha estrenado en el programa El Hormiguero de Cuatro.
Unos y otra hablaban de algo que me parece esencial en la Responsabilidad Social y si me acompañáis intento desmenuzarlo con vuestra compañía.
Todas las personas creemos que poseemos la razón, la verdad y con la seguridad que nos da esta posesión trabajamos, hacemos amistades y vivimos, en definitiva.
Las personas que ostentan poder en los grupos sociales se amparan en esta seguridad para dar órdenes y además creen que están moralmente autorizados para hacerlo.
¿Cómo decirles, mostrarles que la verdad, la razón...que cada persona tiene es sólo un pedazo de la verdad absoluta y que ni la suma de cada uno de los pedazos llega a ser la realidad, la cosa en su totalidad porque siempre faltará algo?
La empresa como grupo social funciona igual y tenemos empresarios y empresarias, trabajadores y trabajadoras...que creen tener esa visión única y total de la marcha del negocio, de las causas que han llevado a estar donde estamos y también de lo que se debe hacer para mejorar. Así cuando se toma una decisión se suele hacer de forma unilateral aunque creyendo que es la mejor.
Pero si tenemos en cuenta que de la realidad percibimos una parte muy limitada (Elsa Punset) y que los pensamientos son capaces de crear realidades (Joe Dispenza) además de crear conexiones sinápticas nuevas...tal vez deberíamos contar hasta diez antes de tomar una decisión.
Las personas no somos seres todopoderosos – por suerte - sino que estamos predestinados, abocados, condenados (en la mejor de las acepciones) a trabajar en equipo y esto nos da la posibilidad de compartir las visiones que tenemos de la realidad con otros seres humanos que hace que esa realidad percibida sea mayor y más completa.
El consenso, el bien común, la sostenibilidad, el futuro mejor...tienen mucho que ver con esta manera de trabajar y vivir. En la gestión de la Responsabilidad Social está contenida una imagen amplia de la realidad cuando juega con el papel de los stakeholders o con ámbitos externos que tienen que ver con el entorno más allá de la propia empresa como es el medioambiente y además se atreve a pensar en otra forma de hacer las cosas desde el bien común de la misma empresa y del territorio en el que está inmersa que se ha extendido vertiginosamente más allá de las fronteras puramente geográficas.
Os preguntaréis que si es todo tan claro y tan fácil como lo pinto porqué no estamos ejerciendo la responsabilidad social...
Respondería mi compañero Alberto que el poder corrompe y tiene razón, las ansias de hacer lo que creemos que es bueno porque lo es para nuestro propio interés tiene una erótica a la que sucumbimos. A menudo nos va bien percibir sólo esa parte de realidad que ve nuestro cerebro y nos asusta pensar que podemos cambiar algo porque nos parece que perderíamos el control y el tan amado poder.
Si pudiésemos demostrar que no sólo no perdemos nada sino que ganaríamos en bienestar, el cambio estaría garantizado y eso es posible trabajando sin prisa pero sin pausa desde cada uno de los ámbitos en los que estamos.
Y quisiera que cuando leáis “ámbitos” vayáis más allá de la empresa y penséis en todo tipo de entidades, la propia familia y en nuestra propia persona. El cambio que se propone es integral, profundo y el sólo hecho de imaginar como podría ser nos conecta más neuronas cosa que hace que sea un poco más posible.
Montse Cusachs