Sólo diez días antes de la Cumbre de Copenhague, durante la jornada sobre “Ciudad, energías renovables y eficiencia energética” celebrada en Zaragoza en 2009 augurábamos, –dentro del escepticismo ante este tipo de convocatorias mundiales– un futuro esperanzador. Visión del futuro que se vio oscurecido unos días después con el fracaso de la cumbre del clima.
Carlos Hernández Pezzi

Sólo diez días antes de la Cumbre de Copenhague, durante la jornada sobre “Ciudad, energías renovables y eficiencia energética” celebrada en Zaragoza en 2009 augurábamos, –dentro del escepticismo ante este tipo de convocatorias mundiales– un futuro esperanzador. Visión del futuro que se vio oscurecido unos días después con el fracaso de la cumbre del clima.
Junio de 2010 ha traído nuevos problemas y ha dimensionado gravemente la crisis a una escala europea que entonces casi no podíamos prever y atisbar. Empezando por el empleo, ahora, más de uno de cada cinco españoles está en el paro y estamos ante un ajuste económico y una contracción del gasto social que aseguran un cambio mucho más radical que el que podíamos haber intuido en los inicios de esta crisis que, en 2010, ha alcan zado tan grandes proporciones y tan globales, –tan relacio nadas con el desarrollo urbano, inmobiliario y financiero–-, que ha supuesto un auténtico terremoto para los clichés habituales. Copenhague ha puesto desesperanza en una acción internacional cooperativa de países emergentes y desarrollados, reduciendo el papel de Europa al de compar sa. La crisis de la civilización del despilfarro es también la crisis del despilfarro global del espacio. Y es una crisis del despilfarro del espacio comunitario de Europa.
Sin embargo, las soluciones son parecidas a las que ya proponíamos en 2008 y antes: sólo con un urbanismo de la rehabilitación masiva de la ciudad y del paisaje podremos alcanzar calidad de vida. El urbanismo responsable ya es el urbanismo de la “supervivencia”.
Ante la hecatombe financiera, la dialéctica entre energía y desarrollo tiene su escenario preferente en las ciudades. Apostar por un urbanismo energético, es la manera de afrontar la crisis estructural; el modelo mundial de globa lización urbanizada se ha de modificar tras el agotamiento del ciclo del carbono, aumentando los recursos renova bles sin seguir dañando los no renovables, entre los que destaca el suelo.
La regeneración partirá de las ciudades más sostenibles y de grandes cambios en la estructura eco nómica. Pretender arreglar estos males solo mediante instrumentos energéticos, con medidas paliativas y de mitigación sobre la edificación final, puede considerarse insignificante: habrá que hacer de la rehabilitación masi va, a gran escala, un campo para acometer una reforma estructural del modelo productivo y urbanístico y utilizarla para mejorar la habitabilidad y calidad de vida de las ciu dades. Sin cambio del urbanismo y la acción sobre el te rritorio, la retórica de la nueva economía es papel mojado.
La innovación urbana consiste en el cambio en energía, eficiencia y ciudad; y en la planificación soste nible en origen, esto es, en el suelo, La aplicación de los nuevos criterios del Nuevo Modelo Productivo soste nible está en el cambio del discurso sobre la ciudad. El cambio cultural no será posible sin un rápido proceso de formación y transferencia de ese modelo sostenible a las ciudades y al sector productivo.
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