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La cuestión es si de cara a la opinión pública, cuando se habla del futuro de las cajas sólo se debe hablar de ratios, volumen, prejubilaciones y del FROB.

 

www.josepmlozano.cat

lozanoEl hecho de acabar de publicar un libro sobre el proceso de creación de Món Sant Benet por parte de Caixa Manresa nos ha obligado a reflexionar no tan sólo sobre la construcción de proyectos y los procesos de liderazgo social-empresarial, sino también sobre el mundo de las cajas y la diversidad de sus modelos. Hemos retornado a la cuestión a menudo estos días, al asistir a toda la información que generan las cajas, sus fusiones, sus no-fusiones, y su agrupación territorial. Digamos de antemano que sólo hablamos como espectadores, y que en absoluto somos expertos ni en entidades financieras ni en el sector. Pero no nos sentimos espectadores distantes y asépticos, porque las cajas son entidades muy importantes y, hasta el día de hoy, son un elemento clave y muy valorado para el desarrollo económico, social y cultural de nuestro país.

 

http://portal.esade.edu/imagenes/13234361.BMPLo decimos porque nos resulta muy significativo que en la información que nos brinda ahora la prensa casi nunca nos llega información sobre lo que supone la nueva situación para la obra social. Seamos claros: si está en juego la viabilidad económica presente o futura de las entidades, hay que empezar por aquí. Sin viabilidad económica no hay obra social, solidaridad ni nada que se le parezca. Pero transmitir a la opinión pública la cuestión del reto del futuro de las cajas incluye también hablar de la obra social y de su compromiso con el territorio, más allá de la asignación de porcentajes de gestión o del circunstacial y comprensible recorte de presupuesto. Creemos que una caja no es simplemente un banco sin accionistas y con obra social, como nos dijo una vez una persona que tenía altas responsabilidades en una de ellas. Esta afirmación incluso podría ser plausible si lo que quiere es poner de relieve -quizás de manera torpe- que gestionar una caja no se puede confundir con una especie de paternalismo poco eficiente y poco riguroso. Ahora bien, afirmaciones de este tipo son un ácido disolvente para una de las grandes razones de ser de las cajas -cuando menos hasta ahora- y que es al mismo tiempo uno de sus rasgos diferenciadores: el compromiso con el territorio donde operan, lo que incluye pero va más allá de las clásicas apelaciones a la calidad en el servicio.

 

Los procesos de cambio que están ocurriendo en el mundo financiero son muy complejos, y somos conscientes de que no se puede hacer (y explicar) todo al mismo tiempo: ni lo esperamos ni lo pedimos. Más aún: en algún momento incluso puede no ser conveniente hacerlo. No es ésta la cuestión. Ni es la cuestión el debate coyuntural sobre si suben o bajan los presupuestos de las obras sociales. La cuestión es si de cara a la opinión pública, cuando se habla del futuro de las cajas sólo se debe hablar de ratios, volumen, prejubilaciones y del FROB. Que hace falta una reconversión del sector parece fuera de discusión. ¿Pero qué quiere decir hablar de reconversión? El debate sobre los nuevos modelos de cajas que nos hacen falta incluye aclarar si eso significa también hablar sustantivamente, complementariamente o periféricamente del modelo de obra social (que en el futuro no debería ser percibida como una regadera de euros y/o una exhibición de musculatura) y de su grado de compromiso con el territorio.

 

Ahora bien, explicitar el compromiso con el territorio les exige a las cajas que sean capaces de pensarlo: una caja parece que debería ser una entidad financiera (¡faltaría más!)… capaz de pensar el territorio y comprometerse con él. Debería ser capaz de tener su propia visión y de decidir qué vínculo quiere tener con la gente que lo habita para contribuir a generar riqueza. Una visión que tiene que estar saturada como la que más de rigor, eficacia y eficiencia. Pero una visión que tiene que estar empapada de estima, afecto y voluntad de servicio hacia el territorio, como pudimos constatar al hacer el mencionado libro. Creemos que la estima y el compromiso hacia el territorio y su gente son, para una caja, referentes tan relevantes como la ambición, la visión, la voluntad de excelencia en el proyecto empresarial, y el rigor y la eficacia en la gestión.

 

Y eso nos lleva a una última consideración. Desde nuestro punto de vista, un territorio no es simplemente un contenedor para llevar a cabo lo único que sería realmente importante: la actividad económico-financiera. Un territorio incluye una amplia gama de matices: población y grupos sociales con necesidades diversas, paisaje y medio ambiente, patrimonio cultural, oportunidades estratégicas de actuación y déficits de infraestructuras, iniciativas empresariales, fomento y captación de talento, etc. Una caja ha de ser capaz de elaborar una comprensión y un discurso propios sobre el territorio donde opera y los retos (económicos, sociales, culturales ...) que tiene planteados y, consiguientemente, sobre cuál puede ser su contribución a su mejora o a su desarrollo. Una caja ha de tener (aparte de una conciencia clara sobre sus intereses y su estrategia, cómo es obvio) una lectura propia sobre cuál es el interés general del territorio, y a partir de aquí tiene que poder identificar cuál quiere que sea su aportación y qué servicio quiere realizar. La gran tentación de todas las partes implicadas -lo hemos podido constatar de forma fehaciente en algunos casos lamentables- es creer que definir el interés general es patrimonio exclusivo de los políticos y del resto de actores sociales y que, por lo tanto, su servicio al territorio se reduce a estar al servicio de los políticos que ejercen el poder en él o hacer periódicamente aportaciones cautivas al mundo asociativo. El debate sobre el futuro de las cajas, en cambio, creemos que debería incluir también una mínima deliberación sobre los nuevos o no tan nuevos modelos de obra social emergentes, lo que tendría que ir mucho más allá de la mera información sobre los porcentajes de asignación de presupuestos que corresponden a cada ámbito local.

 

[Artículo publicado conjuntamente con Àngel Castiñeira en el diario AVUI el 1 de mayo]

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