Coincidiendo con el Día Mundial de la Justicia Social, analizamos el informe “El Comercio Justo y la erradicación de la pobreza. El caso de Bangladés” realizado por la Coordinadora Estatal de Comercio Justo que se ha presentado este mismo día 20 de febrero. Este informe es una muestra más de los avances que se están llevando a cabo hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por Naciones Unidas, en este caso contribuyendo concretamente al primer ODS, el referido al Fin de la Pobreza
El Comercio Justo quiere poner Fin a la Pobreza, nos trasladamos a Bangladés

Es conocido que el comercio internacional ha supuesto, en múltiples momentos de la historia, una oportunidad de desarrollo para las dos partes implicadas, pero no siempre, indica el autor del informe, Juanjo Martínez de Oxfam Intermón. Actualmente, casi un tercio de la población trabajadora mundial vive en situación de pobreza que afecta al 11% de la población mundial. Una realidad que incide especialmente en las mujeres. En todo el mundo, ellas registran un Índice de Desarrollo Humano más bajo que los hombres. La brecha salarial de género en todo el mundo se sitúa en el 23%. Por último, el 74% de las personas que viven en la pobreza sufren de forma directa los efectos de la degradación de la tierra. 

Por eso el lema de este informe se presenta como: “Consigamos que la demanda se ajuste a los derechos, y no al revés”

El estudio relata cómo el Comercio Justo, un movimiento que persigue el desarrollo de las comunidades más desfavorecidas, no sólo focaliza sus esfuerzos en aspectos económicos sino que tambien tiene en cuenta a todas las áreas que implica la pobreza desde una perspectiva integral. Para ello se adentra en un ejemplo concreto, el caso del país asiático, Bangladés, para analizar cómo iniciativas de Comercio Justo contribuyen a reducir la pobreza empleando en condiciones laborales y de vida dignas a mujeres y hombres. De la mano de la organización artesana BaSE que da trabajo a diez mil mujeres en condiciones dignas, vemos como el Comercio Justo tiene una razón de ser real porque genera beneficios para las mujeres de la organización que se dedican a la producción de cestas de yute, artículos de textil, decoración y calzado.   

¿Cómo es el contexto que vive Bangladés respecto a la economía y al desarrollo?

Para entender el ejemplo de BaSE necesitamos recorrer el contexto de Bangladés, un país pequeño, la mitad que España, pero con 165 millones de personas y unas infraestructuras muy precarias. Tras su guerra de independencia de Pakistán, hace menos de 50 años, Bangladés tardó mucho en superar una situación de estancamiento y muchos análisis coinciden en identificar el inicio de su desarrollo económico con su participación en la producción textil y su exportación. Actualmente, más del 80% de sus exportaciones son prendas textiles y la industria da trabajo directo a unos 5 millones de personas, sólo China supera al país en exportaciones textiles. 

Las personas que viven en situación de pobreza en Bangladés es de casi 65 millones personas, un 40,7% es decir, 22,2 puntos porcentuales por encima del indicador de personas que viven con ingresos por debajo de la línea de pobreza (18,5%). Esto significa que mucha población que está teniendo ingresos por encima del umbral de la pobreza está sufriendo privaciones en educación, en salud o en otras condiciones de sus vidas.

El crecimiento económico de Bangladés sigue sin pestañear a un ritmo del 7% anual, teniendo al comercio exterior como uno de sus grandes motores, junto con las remesas de los emigrantes. Este crecimiento está siendo acompañado por una reducción de la pobreza, pero a un ritmo significativamente menor que el del crecimiento de la economía. 

¿Por qué Bangladés ha tenido que aumentar tanto sus exportaciones de textil para rebajar la pobreza?

Una parte de la respuesta está en la dependencia del país de estas exportaciones en concreto, no es una economía diversificada. Pero otra parte de la respuesta se encuentra en el crecimiento de la industria textil que se basaba en competir en bajos salarios y en escasas inspecciones por parte del gobierno que aseguraran las condiciones laborales que sus leyes defendían. El gobierno dependía demasiado de este sector como para arriesgarse a perder inversiones extranjeras y, sobre todo, demanda de productos. 

Prueba de ello, un terrible acontecimiento tuvo lugar en 2013, cuando se derrumbó el edificio Rana Plaza y causó la muerte de más de mil personas que trabajaban en diferentes empresas textiles. Desde entonces, se puso en marcha una mayor vigilancia del gobierno y del compromiso de las empresas para evitar el estigma internacional del “made in Bangladesh”. En cambio, las condiciones salariales y la libertad sindical no parecen haber progresado tanto, los salarios ciertamente se aumentaron tras el derrumbe pero la inflación de estos años de un 6% anual ha ido dejándolos insuficientes. Los sindicatos promueven una triplicación del salario actual minimo legal que ronda los 55 euros al mes, pero los deberes no se han hecho puesto que la libertad de asociación y el respeto del activismo sindical no es visible. 

Veamos el ejemplo de BaSE para entender el vinculo del Comercio Justo y la reducción de la pobreza.

En Bangladés, pese al aumento de la exportación de textil, la pobreza no se ha reducido en la misma medida, como hemos visto previamente, porque el crecimiento se ha hecho en base a competir en bajos salarios y con escasas inspecciones laborales. En todo el mundo existen más de 1.500 organizaciones productoras de Comercio Justo, entre las que hay una gran diversidad. Algunas de ellas, como BaSE, están dirigidas a personas en situación de especial vulnerabilidad. BaSE son las iniciales en bengalí de artesanos unidos de Bangladés y su visión es apoyar a las mujeres a ser económicamente autosuficientes, socialmente reconocidas, culturalmente empoderadas y moralmente conscientes y dignas.

En BaSE, los trabajadores y trabajadoras, organizados en 17 grupos de producción en distintas zonas del país, obtienen una remuneración de unos 10.000 takas (unos 4,40 dólares al día), lo que les permite mantener una vida digna y que supone el doble del salario mínimo legal en el país, fijado en 5.000 takas (1,80 euros al día). Además, la organización facilita a las trabajadoras servicios básicos como salud, educación o créditos y formación para la realización del trabajo. 

Todas las personas que integran los 17 grupos están en situación de clara vulnerabilidad y entre todos los colectivos, destacan las mujeres con alguna funcionalidad especial, ya sea física, psíquica o sensorial. Estas personas tienen muy pocas oportunidades y, de no ser por los grupos de BaSE, sería muy difícil pensar en oportunidades de prosperar. La cuestión educativa es fundamental. Las escuelas que promueven los grupos de BaSE son oportunidades muy valiosas para niñas y niños que, de otra manera, heredarían pobreza difícilmente reversible. Son escuelas de bastante calidad, con apoyo de ONG internacionales y con modernos enfoques de integración para los niños y niñas con funcionalidades especiales.

BaSE canaliza los pedidos de los clientes internacionales hacia sus grupos de productoras. Hay 9 grupos directos, todo su trabajo depende de BaSE,  y 8 grupos asociados tienen su propia gerencia y autonomía para poder trabajar con otras organizaciones. Todos ellos son los propietarios de BaSE y la mayoría se sitúan en la región de Khulna. Los 17 grupos articulan el trabajo de unas 10.000 personas, en el que el 90% son mujeres, cuyos ingresos, en gran proporción, dependen de los pedidos que BaSE consigue. Entre los productos que hacen, destacan las cestas de yute y de hojas de palmeras, pero también podemos encontrar prendas de vestir, artículos de textil de hogar, de decoración, destacando los realizados con la técnica del macramé, accesorios e incluso juguetes.

¿Desafios del Comercio Justo para reducir la pobreza?

La teoría de cambio de "Fairtrade" identifica tres objetivos para el largo plazo: el primero, empoderar a los productores de pequeña escala, el segundo mejorar sus medios de vida y el tercero hacer que el comercio sea más justo. La combinación apropiada de los tres es clave para generar oportunidades de reducción de la pobreza y de desarrollo sostenible y en esta línea de tratar de atajar la pobreza y exclusión aprovechando las oportunidades del comercio.

La Coordinadora también forma parte de la campaña "Otro comercio es Posible" para que los tratados comerciales internacionales tengan en cuenta el respeto a los derechos humanos y el cuidado del medio ambiente, y no respondan exclusivamente a los intereses económicos de las grandes compañías transnacionales. El impacto sigue siendo demasiado pequeño al lado del gran tamaño de la pobreza. El desafío es conseguir aumentar las compras en estas condiciones, es decir, conseguir aumentar las ventas, conseguir aumentar los apoyos, conseguir que más personas y organizaciones piensen en el consumo como una fórmula de contribuir a erradicar la pobreza y, a partir de ahí, desencadenen los efectos que durante todo el informe hemos ido viendo.

Desde la Coordinadora Estatal de Comercio Justo señalan que "el aumento de nuestra actividad no sólo genera más oportunidades de forma directa a personas como las que integran BaSE, sino que es un argumento más para reivindicar cambios en las injustas reglas comerciales que impidan que la competencia entre países productores por atraer las inversiones y las demandas internacionales, particularmente las occidentales, no se haga en detrimento de los derechos de las personas". Ciertamente el comercio puede ser una fuente de generación de riqueza que ayude pero es necesaria la la etiqueta de "justo" porque necesita sacar a centenares de millones de personas que siguen viviendo en situación de pobreza severa y para que esto ocurra se debe aún ganar mucha más fuerza.

 

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