Ocupa el puesto número 20 entre los 28 países de la Unión Europea, según el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2018, que acaba de publicar Transparency International. En el ranking mundial, está en la posición 41 entre los 180 países estudiados en el IPC de este año, junto con Georgia, Letonia, y San Vicente y Las Granadinas.
España sigue suspendiendo en corrupción

En 2017, España obtuvo 57/100 puntos, este año la puntuación es 58/100. Para comprender estos resultados hay que resaltar que una mayor puntuación significa menor corrupción. Ello indica, al menos de forma indiciaria, que los esfuerzos para prevenir y frenar la corrupción en España aún no dan sus frutos en términos de percepción.

De acuerdo con la metodología utilizada en el IPC, una diferencia de un punto en un año, como el que ha subido España en 2018, no es estadísticamente significativa. Sin embargo, es un indicador que podrá suponer un giro hacia una mejora de la posición si el país continúa subiendo en los años sucesivos.

Este resultado pone en evidencia que la corrupción en España sigue siendo un problema grave que debe llamar a la acción de las autoridades y de la sociedad civil.  Es preciso recordar que, en los últimos 6 años, entre 2012 y 2018, la calificación de España cayó en 7 puntos, siendo el país —tras Hungría y empatado con Chipre— que más ha caído en puntuación en Europa en estos últimos años.

Transparency International España considera que una economía como la española, que se sitúa entre las 15 primeras del mundo, no debería estar por debajo de los 70 puntos en el Índice de Percepción si quiere mantener su imagen y su competitividad.

En este sentido, es importante resaltar que los múltiples escándalos de corrupción que se han sucedido en España a lo largo de las últimas décadas, sobre todo a partir de la burbuja urbanística y que aún siguen aflorando, han provocado que la legitimidad de las instituciones democráticas haya sufrido daños muy serios. Es cierto que la crisis económica, confrontada mediante las denominadas políticas de austeridad fiscal, también ha influido en esta deslegitimación y la consiguiente desafección.

Por eso, este año TI-España destaca muy especialmente que luchar contra la corrupción es una forma de luchar por la democracia, de reivindicarla y de recuperar la legitimación de sus instituciones basada en sus valores esenciales.

Considerando que la moción de censura motivada por la corrupción en el partido gobernante y que condujo al cambio de gobierno en España, se debe promover especialmente el diseño de una estrategia holística de prevención y lucha contra la corrupción.

El IPC de 2018 mide la percepción de la corrupción en el sector público de 180 países y territorios, a los que se asigna una puntuación de 0 (corrupción elevada) a 100 (transparencia elevada). De acuerdo con el análisis de todos los datos, más de dos tercios de los países estudiados tienen menos de 50 puntos, y la calificación media es de 43 puntos.

En las primeras posiciones del Índice se encuentran Dinamarca y Nueva Zelanda, con 88 y 87 puntos respectivamente, mientras que los últimos puestos son ocupados por Somalia, Siria y Sudán del Sur, con 10, 13 y 13 puntos respectivamente. En cuanto a las regiones, Europa Occidental y la Unión Europea tienen las mejores puntuaciones (66 puntos de media), y África es la que cuenta con la puntuación media más baja, con 32 puntos.

Desde 2012, solo 20 países han registrado mejoras significativas en sus puntuaciones. Entre ellos, se encuentran Argentina, Senegal y Costa de Marfil. Por el contrario, en 16 países, como España, Australia, Chile, Hungría, Turquía y Malta, las puntuaciones han empeorado de manera significativa.

En esta edición del IPC se demostró que existe una relación directa entre la corrupción y la salud democrática global. Las democracias caracterizadas como “plenas” obtienen en promedio 75 puntos en el IPC; las etiquetadas como “débiles”, una media de 49 puntos; los denominados “regímenes híbridos” (que presentan elementos propios de los sistemas autocráticos), 35 puntos de media; y los regímenes autocráticos son los que obtienen peores resultados, con 30 puntos de media.

En resumen y en palabras de Delia Ferreira Rubio, Presidenta de Transparency International: “Nuestra investigación establece un vínculo muy claro entre el hecho de contar con una democracia saludable y el éxito en la lucha contra la corrupción en el sector público. La corrupción tiene una probabilidad mucho mayor de surgir cuando la democracia se asienta sobre cimientos débiles y, como hemos visto en muchos países, cuando los políticos antidemocráticos y populistas tienen la oportunidad de utilizarla para su beneficio”.

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