Cada vez más personas sienten que no llegan a todo. Trabajar, cuidar, responder mensajes, estar disponibles, formarse, mantener vínculos sociales y, además, intentar descansar se ha convertido en una carrera permanente contra el reloj. Este fenómeno, conocido como “pobreza del tiempo”, empieza a consolidarse como uno de los grandes desafíos sociales contemporáneos y abre un debate sobre derechos, salud mental y calidad de vida.