Ahorrar energía, consumir con más criterio, reducir residuos o prestar atención al impacto de nuestras decisiones son acciones que pueden incorporarse y reforzarse con la práctica. En plena expansión de la inteligencia artificial, otra capacidad resulta cada vez más necesaria: aprender a observar nuestra relación con el planeta y convertir la sostenibilidad en un criterio cotidiano.