En la era digital, los datos se han convertido en uno de los activos más valiosos del mundo. Sin embargo, su uso indiscriminado y la falta de una regulación global han permitido que la desinformación se propague rápidamente, afectando democracias, economías y sociedades enteras. Este fenómeno plantea retos éticos y sociales que requieren respuestas urgentes desde la gobernanza de los datos.