La preocupación en materia medioambiental y por el futuro del planeta se ha convertido en una parte estratégica del pensamiento y del modo de actuar en el siglo XXI. Este hecho ha provocado que las metas de las compañías hayan virado en esta dirección en los últimos años. La sostenibilidad o el compromiso social y ambiental han ido consolidándose en el entramado empresarial, pasando a ser claves en el desarrollo del negocio. Sin embargo, a nivel corporativo es muy difícil alcanzar y medir los objetivos fijados en materia medioambiental y/o social sin unas bases preestablecidas y cimentadas de gobernanza.