Durante años, la sostenibilidad ha sido percibida en el ámbito financiero como un valor añadido, casi como una etiqueta reputacional más que como un criterio real de decisión. Sin embargo, esa percepción está cambiando. Hoy, cada vez más inversores particulares en España no solo se preguntan cuánto pueden ganar, sino también cómo se genera esa rentabilidad y qué impacto tiene en el entorno.