
La universidad contemporánea vive en un estado de tensión permanente. Lejos de ser el sereno claustro del saber, se ha convertido en un campo de batalla donde colisionan fuerzas económicas, políticas e ideológicas. El debate sobre su propósito, su calidad y su futuro ya no es exclusivo de los círculos académicos, sino que refleja una crisis más profunda de la sociedad.

Creo que para avanzar en ciertos temas, debemos partir de análisis lo más realistas posibles y en base a esto trazar planes que nos lleven a cumplir con nuestras metas. Qué algo tenga sentido no quiere decir que todo el mundo lo entienda, ni que tenga la misma prioridad que para el resto.

Hace ya tiempo que venimos hablando de la participación de las mujeres en el deporte, de su visibilidad, de la brecha salarial o de los techos de cristal que aún persisten en los cargos directivos. Pero hay una pregunta que incomoda, que raspa: ¿es urgente construir un deporte seguro para las mujeres o simplemente es una necesidad más, entre tantas?

Mientras el mundo revisa su progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible, América Latina impulsa un cambio silencioso pero profundo: colocar el trabajo de cuidados en el centro de las políticas públicas. Según informa ONU Mujeres, esta “revolución del cuidado” no solo busca dignificar a quienes cuidan, sino también transformar la economía desde una perspectiva de justicia social y de género.

Decía Susan Sontag que todo argumento tiene un contraargumento. Pensar críticamente implica cuestionar el argumento, esforzarse en buscar el contraargumento, escucharlo con atención e interés y estar dispuesto a que dialoguen entre ambos. Sin embargo, nuestra sociedad no parece llevar bien a los “cuestionadores”, esos que siempre buscan el contraargumento, que no dicen amén a todo lo que piensan, les dicen o escuchan.

¿Puede una buena conversación cambiar el rumbo ético de una organización? ¿Cuántos errores se podrían evitar si se educara con más profundidad y se comunicara con más honestidad? Quizá suene ingenuo. Pero lo cierto es que la educación y la comunicación interna tienen un poder transformador que muchas veces se subestima.

En un contexto empresarial marcado por la incertidumbre regulatoria, la volatilidad global y el escrutinio social creciente, el reporting de sostenibilidad ya no puede entenderse como un simple ejercicio de cumplimiento. Debe convertirse en una herramienta estratégica de gestión, transformación y liderazgo.

Más allá de la espiritualidad, el voluntariado en iglesias, mezquitas, sinagogas y centros de fe desempeña un papel esencial en la asistencia a colectivos vulnerables. Para que estas acciones tengan un impacto duradero, se necesita legalidad, organización y profesionalismo.El voluntariado es el alma que impulsa las comunidades religiosas, sea cual sea su credo.

La sostenibilidad ha irrumpido en el ámbito de la recuperación de deuda como un elemento transformador, alejándola de su concepción tradicional, para reconocer su triple impacto: financiero, social y reputacional.

La sostenibilidad financiera entra en una etapa de madurez. Aunque la emisión global de bonos verdes, sociales y de sostenibilidad (GSS) ha descendido un 25% en el primer trimestre de 2025 frente al mismo periodo del año anterior, los datos revelan una evolución más cualitativa que cuantitativa.