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Desenmascarar la sostenibilidad en la Inteligencia Artificial

Standard Ethics publicó recientemente un artículo titulado Unmasking Sustainability in AI: an Overview of Global Company Practices. Se trata de un estudio cuyo propósito principal es brindar una visión sobre la situación actual de la inteligencia artificial (IA) en el mundo empresarial, basándose en el análisis del enfoque que tiene al respecto una muestra significativa de empresas líderes, tanto en la Unión Europea como fuera de la Unión Europea. Sobra decir que el ámbito de la Inteligencia Artificial se ha vuelto estratégico, incluso para valorar los esfuerzos desplegados y los compromisos tomados en lo tocante a los temas ESG y a la sostenibilidad de las empresas.     

De manera especial, el fin primordial de la investigación es analizar la integración de la Inteligencia Artificial en 245 grandes compañías cotizadas en bolsa, bajo un prisma reglamentario y político. La muestra de las empresas analizadas incluye 98 de las mayores compañías por capitalización cotizadas en la Unión Europea (UE) y 147 de las mayores sociedades por capitalización de mercado fuera de la Unión Europea, en Países como Estados Unidos, Canadá, Japón, la India y el Reino Unido.

La investigación tiene como base los principios y recomendaciones de la OCDE, que insta a utilizar la Inteligencia Artificial de manera responsable y fiable, con tal de que los sistemas utilizados sean transparentes, explicativos, no discriminatorios y empleados de manera ética por los desarrolladores, los gestores y los usuarios. El estudio se lleva a cabo aprovechando cuatro marcadores específicos que son los siguientes: 1) la IA mencionada en el Código Ético o en el Código de Conducta de la empresa; 2) la presencia de una política sobre la IA; 3) la existencia de un documento público que aunque no resulte tan estructurado como una política, afronte este asunto; 4) la alineación de una eventual política con las directrices internacionales principales sobre el tema.  

Así las cosas, la información recopilada y presentada en la investigación de Standard Ethics ilustra lo siguiente: aunque el tema de la Inteligencia Artificial esté cobrando cada vez más importancia, sobre todo en las economías más desarrolladas, a través de los medios de comunicación y el uso ya generalizado entre las personas y los consumidores, la mayoría de las grandes compañías aún la enfrenta como si fuera un fenómeno nuevo. Y las empresas todavía no se han organizado para incluir y plasmar su estrategia y su planteamiento sobre el tema en su documentación pública.

Pasando a los detalles, los resultados son claros. Con respecto al primer marcador, ninguna empresa de las analizadas, con independencia de la rama de actividad, incluye la Inteligencia Artificial entre los temas que hay que incorporar a su Código Ético. Este dato puede sorprender, puesto que el Código Ético es un documento clave, que define para todos los empleados y las partes interesadas externas las reglas autoimpuestas y la visión de la empresa sobre los temas éticos. Lo mismo vale para los resultados que atañen a la publicación de una política específica sobre la IA: solo nueve empresas (y todas procedentes del área de la UE) publican un documento de este tipo.  

También este dato no hace sino fortalecer la percepción que aún son minoritarias las empresas que estiman que la Inteligencia Artificial debe ser gobernada de manera orgánica, y que son muchas las que no perciben aún la IA como algo que tiene consecuencias éticas y de sostenibilidad a nivel estratégico;  la consideran, lisa y llanamente, como una tecnología disponible.

Sin embargo, habida cuenta a las evidencias que cierto número de políticas sobre la Inteligencia Artificial están en vigor, pero sin publicarse, conjeturamos que algunas compañías consideran el tema de escaso interés para las partes interesadas (stakeholders). Otra alternativa es que estas empresas prefieren aplazar cualquier compromiso oficial y de gobernanza sobre el tema, a la espera de normas nacionales e internacionales más pormenorizadas y vinculantes. De hecho, en general, las empresas son conscientes de lo importante que son este problema y sus impactos futuros, y esto lo demuestran también los resultados del tercer marcador de la investigación, indicando que el 64% de las compañías europeas de la muestra analizada y el 55% de las no europeas publican documentos que en parte atañen al tema de la IA, sin ser reales políticas específicas.

Para finalizar, haciendo alusión también al cuarto marcador, entre las muy pocas empresas que publican una política sobre la Inteligencia artificial, algunas, por ejemplo, se inspiran, a todas luces, en la OCDE y la Unión Europea, pero en ningún caso existe un compromiso claro a cumplir con las directrices voluntarias de los organizaciones internacionales sobre este tema.     

Los analistas de Standard Ethics saben que los retos futuros en lo que a la Inteligencia Artificial se refiere, así como cualquier otro tema vinculado a la sostenibilidad, deben ser abordados por inversores y empresas siguiendo la directriz de organizaciones internacionales. Un ejemplo es la de la Unión Europea conforme a la cual la IA ya está integrada en el mercado único digital europeo. Por otra parte, son las organizaciones internacionales que llevan la responsabilidad de proteger los intereses generales y de las futuras generaciones, haciendo hincapié en el respeto a los derechos humanos, la ética, y el papel central del ser humano en las futuras aplicaciones de la IA.  

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