
El trabajo de cuidados —atender a menores, personas mayores o familiares con enfermedades— continúa siendo una de las bases invisibles sobre las que se sostiene la economía. Sin embargo, lejos de ser reconocido como un motor productivo, sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres y fuera de los circuitos económicos formales.
Así lo expusieron distintas especialistas en el Senado de México durante el encuentro “Sin cuidados no hay economía”, donde se subrayó que este sistema debería considerarse una infraestructura clave para el funcionamiento del mercado laboral y el desarrollo económico, según informó el propio IPADE Business School.
Actualmente, el 67% de las tareas de cuidado son asumidas por mujeres, frente al 33% de los hombres. Esta distribución desigual tiene consecuencias directas: menos tiempo disponible, trayectorias laborales interrumpidas y mayores dificultades para acceder a empleos formales.
“La falta de un sistema de cuidados eficiente genera barreras estructurales para la participación laboral femenina”, explicó Yvette Mucharraz y Cano, directora del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (CIMAD), en declaraciones recogidas durante el foro.
Esta situación no solo limita el desarrollo profesional de las mujeres, sino que también impacta en su bienestar económico a largo plazo. Muchas se ven obligadas a trabajar en condiciones de informalidad o de forma intermitente, lo que repercute en sus ingresos, su capacidad de ahorro y su acceso a derechos básicos como la seguridad social.
De acuerdo con la investigación “Trabajo Decente 2005-2025” del CIMAD, citada por el IPADE Business School, solo el 44% de las mujeres participa en la economía, frente al 73% de los hombres. Además, más de la mitad de ellas —un 54,9%— trabaja en la informalidad.
Este escenario evidencia cómo la falta de políticas públicas en torno al cuidado genera efectos acumulativos que amplían las brechas de género, no solo en el presente, sino también en el futuro, especialmente en términos de pensiones y seguridad económica.
Durante el panel “La arquitectura económica de la igualdad”, representantes del ámbito académico, empresarial y social coincidieron en la necesidad de transformar el modelo actual y avanzar hacia un sistema de cuidados más justo y corresponsable.
Entre las propuestas planteadas destacan la ampliación de horarios escolares, la creación de espacios de atención para personas mayores, el impulso de redes comunitarias de apoyo y el refuerzo de los sistemas de salud con enfoque preventivo. También se subrayó la importancia de desarrollar servicios de atención domiciliaria para quienes no pueden desplazarse.
En paralelo, se hizo un llamamiento al sector privado para que asuma un papel activo. “Las empresas deben incorporar políticas que faciliten la conciliación y contemplen el cuidado en todas las etapas de la vida”, señaló Mucharraz, apuntando a medidas como el trabajo flexible o programas específicos para el cuidado de personas mayores.
El envejecimiento de la población y el aumento de las necesidades de atención hacen cada vez más urgente replantear el sistema de cuidados. Más allá del ámbito doméstico, se trata de una cuestión estructural que condiciona la igualdad de oportunidades y el desarrollo sostenible.
Reconocer el cuidado como parte de la economía no es solo una cuestión de justicia social, sino también una condición imprescindible para construir sociedades más equitativas y resilientes.