Si bien la inteligencia artificial (AI) se está convirtiendo rápidamente en una nueva herramienta del CEO para impulsar los ingresos y la rentabilidad, también está claro que su despliegue requiere una gestión cuidadosa para evitar daños no intencionales pero significativos, no solo a la reputación de la marca sino, más importante aún, a los trabajadores, a los individuos y a la sociedad en su conjunto.
Desde McKinsey explican que los debates éticos están en marcha sobre lo que es correcto e incorrecto cuando se trata de aplicaciones de inteligencia artificial de alto nivel, como las armas autónomas y los sistemas de vigilancia. Y hay un gran interés y escepticismo en cuanto a cómo podemos imbuir a los sistemas de inteligencia artificial con el juicio ético humano, cuando los valores morales varían según la cultura y pueden ser difíciles de codificar en el software.
El rol de los primeros ejecutivos es vital, ya que deben tener un sólido conocimiento práctico de los desarrollos de la IA para poder orientar al conjunto de la empresa en tres áreas clave. En primer lugar, deben clarificar la forma de trasladar los valores de la empresa a las aplicaciones de IA a través de directrices sobre los objetivos marcados, con el fin de seleccionar los procesos candidatos a la automatización. En segundo lugar, los CEO deben guiar a la compañía con definiciones y métricas para evaluar la IA ante posibles sesgos e imparcialidad en el análisis. Por último, es necesario establecer una jerarquía de valores de empresa y destacar el papel de la diversidad en la selección de talento. El desarrollo de la IA siempre implica contrapartidas, especialmente las relacionadas con la precisión de los algoritmos y la transparencia en su toma de decisiones, por lo que el criterio de la dirección es esencial para que los equipos tomen las decisiones más acertadas. Además, un equipo con personas diversas aporta una variedad de experiencias con enfoques innovadores, necesarios para resolver problemas de calado. Los líderes deben considerar todo tipo de diversidad: de género, edad, etnia, disciplina y experiencia.
Pero hay muchos casos en los que no es suficiente la buena voluntad para hacer coincidir los desarrollos de IA con los valores de la empresa, especialmente de cara a la opinión pública. Por ello, el informe destaca cinco áreas que exigen un sólido liderazgo desde la dirección de las compañías para poder hacer frente a los problemas más comunes:
En definitiva, los directivos que refuerzan sus valores corporativos estableciendo equipos diversos, crean un lenguaje generando puntos de referencia para guiar a la IA, y establecen un compromiso con los equipos de desarrollo de esta tecnología, hacen posible un uso responsable de la IA. Por ello, una IA responsable genera confianza tanto en los empleados como en los consumidores. Los empleados confiarán en la información que la IA les brinde y estarán más dispuestos a aplicarla en su trabajo diario, ayudando a idear nuevas formas de usar esta tecnología para crear valor. En cuanto a los consumidores, una vez que se adquiere su confianza estarán dispuestos a utilizar productos relacionados con la IA, ganando las compañías el derecho a usar sus datos de forma adecuada y ayudando a mejorar continuamente los procesos de IA. Se trata de un círculo virtuoso que impulsa la reputación de la marca y la capacidad de una organización para innovar y competir y, lo más importante, permite a la sociedad beneficiarse del poder de la IA en lugar de sufrir sus consecuencias menos deseadas.