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Desde hace unos meses, en los medios de información internacionales (y también en alguno nacional) se viene acuñando un término cuanto menos irrisorio pero cargado de muchísima ironía: post-verdad (post-truth). El concepto de post-verdad está directamente vinculado a la política, porque al fin de cuentas son los políticos quienes lo aplican con más desparpajo. En dicho contexto, la post-verdad se entiende como la situación en la que se apela a las emociones y a las creencias personales, reforzando las propias ideas con argumentos que carecen de soporte real, reafirmando tópicos erróneos y lo más preocupante de todo… ignorando los hechos comprobados y las réplicas basadas en datos reales
Políticos, mentiras y cintas de vídeo

Es decir, una post-verdad es una mentira como la copa de un pino.

Pero una mentira adornada con creencias arraigadas, lo que la hace todavía más peligrosa y efectiva.  Los asesores en comunicación lo saben bien: las campañas electorales no se ganan con argumentos basados en hechos. Se ganan apelando a las emociones. El 90% de los votantes vota con el corazón, no con la cabeza.

A ese votante que culpa a la inmigración y a la globalización por haber perdido su trabajo no le vas a convencer de lo contrario mostrándole los últimos datos de desempleo y las tendencias en contratación.  Tampoco servirá de nada hablarle de planes de empleo que le obligarán a reciclarse y formarse.  Ni le harás cambiar de opinión convenciéndole de que el 99% de los inmigrantes trabajan, pagan impuestos (igual que él) y no reciben ayudas.

Ese votante no quiere oír hablar de refugiados, rescates financieros, economía internacional, tratados de libre comercio ni geopolítica.  Lo que ese votante quiere oír es que al país le van a devolver la gloria de años anteriores (y el poder adquisitivo correspondiente).

Quiere escuchar que se protegerá la industria nacional para generar empleo con sueldos dignos, para que con un único sueldo entrando en casa se pueda volver a vivir decentemente. Sobre todo, quiere escuchar que el dinero de sus impuestos se destinará a ayudar a los suyos, a los nacionales, a los que llevan generaciones naciendo aquí, que falta también les hace.

Y los políticos lo saben. Apelan al hartazgo general de la política tradicional, al cabreo colectivo por los casos de corrupción, por los fondos desviados y por una crisis económica que hizo más pobres a los pobres y más ricos a los ricos.

Durante la campaña por el Brexit, uno de los argumentos que más convenció para apoyar la salida del Reino Unido de la Unión Europa estaba relacionado con el dinero que podría estar disponible para su maltrecho sistema de seguridad social.  ¿Quién en su sano juicio podría votar en contra de destinar más dinero a la salud?

No hay ser que un genio para saber que £350 millones a la semana dan para mucho.

Sin embargo, tan sólo una hora después de confirmar los resultados del referéndum, Nigel Farage -líder de UKip y uno de los principales defensores de la salida- reconocía en televisión que ese mensaje no podía tomarse literalmente y que a lo mejor había sido un error permitir que los ingleses creyeran que realmente se podrían destinar tantos millones de libras a su sistema de salud pública.

Durante la campaña, los defensores de “salir” prometieron usar el dinero que el Reino Unido dejaría de enviar a la UE para financiar su seguridad social; sin embargo, al ser preguntado en el programa de televisión Good Morning Britain si podía garantizar que los 350 millones de libras esterlinas que se enviaban a la UE irían ahora al NHS, el Sr. Farage dijo: “No, no puedo garantizarlo. Nunca hice esa promesa”[1]. Y tan ancho…

Incluso aunque fuese cierto que nunca pronunció directamente las palabras “destinaremos esos 350 millones de libras a nuestro NHS”, también es cierto que jamás desmintió el mensaje que circulaba en cientos de autobuses.  El apeló a los sentimientos de sus conciudadanos, con un mensaje que no era verdad… pero ahora resulta que la responsabilidad era de los votantes, que decidieron interpretar una sugerencia como una promesa y que no se preocuparon por rascar lo que había debajo.

Pero si en UK llueve, en USA no escampa.  Donald Trump, esa mezcla de millonario hortera y estrella de realities, consiguió la presidencia del país más poderoso del mundo a golpe de mensajes xenófobos, misóginos y populistas cargados de verdades a medias y de muchas post-verdades.  “Make America Great Again” se traducía en gravar los productos de importación; proteger la industria local; retomar los valores cristianos (todavía no encuentro el pasaje de la Biblia dónde Jesús habla de recortar derechos del colectivo LGTB); construir un muro en la frontera con México; deportar a todos los inmigrantes pobres (perdón, ilegales); y vetar la entrada de musulmanes de ciertos países conflictivos (que estratégicamente no coinciden con aquellos en los que ha construido hoteles.  Igual es que no estaba informado del origen de los terroristas que han atentado en EEUU y Europa recientemente).

Es lo que tienen las post-verdades, que poco importa lo que un candidato o presidente promete. Da igual si sus medidas tienen sentido político, económico o social. Son medidas que reciben el apoyo popular (por lo menos de aquellos que le votaron) porque no necesitan estar basadas en hechos reales ni ser soportadas por las estadísticas:

 

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¿Y cuando los medios de información desmienten con hechos lo dicho en calor de la campaña? ¿Qué pasa cuando sale ese vídeo demostrando que antes decías A y ahora dices Z?

Pues que no pasa absolutamente nada.  Da igual que tengas el video en el que el candidato hace mofa de la incapacidad motriz de un periodista o el audio en el que se jacta de atacar sexualmente a las mujeres.

Hacia el final de la campaña, en plena lucha por votos contra Hillary Clinton, y en un intento por desacreditar a Trump, medios de comunicación tradicionales y decenas de voluntarios dedicaban verdaderos esfuerzos para refutar en tiempo real las declaraciones de Trump. Había decenas de páginas web dedicadas exclusivamente a esto durante el segundo debate entre los dos candidatos[2].  Cada declaración pública se refutaba con el dato oficial contrastado… pero no hace falta decir de cuánto sirvió tanto esfuerzo.

Cada vez que un medio de información ha desmentido una afirmación del actual presidente de los Estados Unidos, éste ha salido raudo a culparles de ser falsos medios de comunicación (fake-media), que sólo se deben a interés económicos y con total desparpajo les ha llamado anti-americanos.  “Fake-media”, un poderoso meme. Menos de 10 caracteres para englobar en un tuit a todos aquellos que, con visión crítica, informan sobre lo que está haciendo el presidente durante sus primeros 100 días de gobierno.

Incluyo ejemplos de otros países, pero no nos engañemos: en todas partes cuecen habas. Decir post-verdades sale a cuenta, da igual que te las puedan refutar con videos, hechos, datos, estadísticas o terceras declaraciones.  Cuando dices las mentiras que los demás quieren oír, parece que la responsabilidad sobre las propias palabras se diluye en un mar de opiniones contrarias. 

 

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Detrás de esa cámara puede estar un medio de comunicación, pero también puede estar un gobierno.

En este mundo de redes sociales, en el que lo que pasa en Las Vegas ya no se queda en Las Vegas sino que se comparte en Facebook, Instagram, Twitter y YouTube, tenemos la obligación como ciudadanos de no quedarnos en la superficie. Debemos dudar de cada afirmación que se hace, de cada noticia que se publica. Tenemos las herramientas a mano, nuestra responsabilidad es contrastar lo que alguien nos cuenta y comprobar que estamos viendo la imagen completa y no sólo el ángulo que alguien nos quería enseñar.

La verdad no siempre es fácil de digerir. Muchas veces es dura y siempre duele… pero ahora, más que nunca, la verdad es lo más importante.

https://youtu.be/gY0Fdz350GE

[1] Nigel Farage backtracks on Leave campaign’s ‘£350m for the NHS’ pledge hours after result.  The Ukip leader said he had never made such a pledge:
http://www.independent.co.uk/news/uk/politics/eu-referendum-result-nigel-farage-nhs-pledge-disowns-350-million-pounds-a7099906.html

[2]

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