Internet, las redes móviles y los centros de datos se han convertido en infraestructuras esenciales para la vida cotidiana y la economía. Pero extender la conectividad también implica consumir energía, agua y materiales y generar residuos. Hoy, el desafío pasa por cerrar la brecha digital al mismo tiempo que se reduce el impacto ambiental de unas tecnologías que también pueden desempeñar un papel relevante frente al cambio climático.