Los pilotos tenemos una perspectiva privilegiada: vemos el mundo desde 9.000 metros de altura, atravesamos continentes en cuestión de horas y somos testigos directos de la diversidad humana y geográfica del planeta. Pero también de los contrastes económicos y sociales que existen entre territorios, y de las duras realidades que vemos en los países en desarrollo a los que volamos.