Las olas de calor ya no afectan a toda la población por igual. Mientras algunas personas cuentan con viviendas bien aisladas, acceso a aire acondicionado o espacios verdes cercanos, millones afrontan temperaturas extremas en hogares mal acondicionados y con dificultades para asumir el coste energético. La crisis climática está profundizando así una nueva forma de desigualdad vinculada al acceso al bienestar térmico y a la capacidad de adaptación frente al calor.