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Cuando pensamos en los sectores con mayor impacto ambiental, solemos pensar en la industria, el transporte o la construcción. Las artes escénicas, en cambio, rara vez entran en la conversación. ¿Cuánto contamina realmente una gira teatral o un festival? Durante años, cuestiones como el transporte de equipos, las escenografías complejas, el consumo energético intensivo y los materiales que, en muchos casos, acaban desechados tras pocas funciones, han estado fuera de los focos. Pero eso ha cambiado.
Descarbonizar las artes escénicas: el nuevo reto de la cultura

La agenda regulatoria europea ha introducido cambios significativos en este escenario. La sostenibilidad se está consolidando como un marco de obligaciones concretas que afecta a organizaciones de todo tipo, por lo que el sector de las artes escénicas ya no puede permanecer al margen.

La descarbonización cultural, una realidad posible

El primer paso para reducir el impacto ambiental es medirlo. Y aquí reside, precisamente, el principal desafío del sector cultural: los marcos de medición de huella de carbono fueron concebidos para industrias con procesos estandarizados. Aplicarlos a una compañía de danza, un teatro, una sala de conciertos o a un festival de música requiere centrar el foco en las particularidades de cada actividad y hacer frente a la complejidad de recopilar datos en las unidades de medida que exigen los factores de emisión aplicables, algo que, hasta la fecha, ha sido uno de los principales obstáculos del sector.

Un ejemplo destacado es el del Palau de la Música Catalana, que ha convertido la sostenibilidad en un eje central de su gestión. A través de su estrategia ambiental basada en la reducción de su huella de carbono, la eficiencia energética y la promoción de energías renovables, se ha convertido en la primera sala de conciertos de Cataluña y de España en acreditar la neutralidad climática en emisiones de alcance 1 y 2, compensando las emisiones residuales mediante los Programas de Compensaciones Voluntarias de la Generalitat de Catalunya.

Para lograrlo, ha adoptado medidas concretas en materia de eficiencia energética, tales como la contratación de electricidad 100 % de origen renovable o la instalación de placas solares fotovoltaicas en la cubierta de su edificio, capaces de generar más de 43.000 kWh anuales y cubrir aproximadamente el 7 % de su consumo eléctrico. Actualmente, extiende su compromiso a las emisiones de alcance 3, asociadas a proveedores, servicios y cadena de suministro.

El camino que el Palau de la Música Catalana ha trazado demuestra que actuar es posible. Sin embargo, para que esta transformación alcance a todo el sector, es imprescindible contar con profesionales preparados para liderarla.

Un programa formativo europeo como palanca de cambio

El avance hacia la descarbonización del sector de las artes escénicas requiere, además de acciones concretas, una transformación profunda en las competencias de sus profesionales.

Con este objetivo nace INSPIRE Performing Arts, una iniciativa europea que impulsa el desarrollo de capacidades en sostenibilidad, digitalización, emprendimiento, resiliencia y habilidades transversales, dirigida tanto a profesionales en activo como a quienes se incorporan al sector.

Financiada por la Unión Europea a través del programa Erasmus+, la iniciativa está liderada por la Universidad del Peloponeso y reúne a 11 socios de seis países europeos, contando con ACQUIN como organismo responsable de la garantía de calidad. En España, Baker Tilly participa como socio técnico, liderando el diseño del módulo de sostenibilidad.

El proyecto proporciona una plataforma de aprendizaje multilingüe gratuita alineada con los marcos europeos de competencias EQF, DigiComp y GreenComp, diseñada específicamente para profesionales, estudiantes y nuevos profesionales del sector de las artes escénicas, con el objetivo de que el sector cultural actúe como motor del desarrollo sostenible en Europa.

El cambio está en marcha y la cultura ya no puede permanecer al margen de la descarbonización. Las organizaciones que se incorporen hoy a esta transformación —midiendo su impacto, capacitando a sus equipos e integrando la sostenibilidad en cada decisión de producción— no solo estarán mejor preparadas para los retos regulatorios que están por llegar, sino que contribuirán a redefinir el papel del sector cultural en la sociedad. La pregunta ya no es si las artes escénicas deben sumarse a esta agenda, sino con qué ambición deciden hacerlo.

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