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El sector MICE (Meetings, Incentives, Conferences and Exhibitions) ha sido tradicionalmente un motor de desarrollo económico, posicionamiento territorial e innovación. Congresos médicos, ferias tecnológicas, viajes de incentivo o grandes convenciones corporativas movilizan cada año millones de profesionales y generan un impacto significativo en destinos de todo el mundo.
El sector MICE ante el reto de la sostenibilidad: del impacto al legado

Sin embargo, en un contexto marcado por la emergencia climática, la escasez de recursos y una creciente conciencia social, la industria de los eventos afronta una transformación profunda: pasar de medir el éxito únicamente en términos de asistencia y retorno económico a integrar criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en el centro de su estrategia.

La sostenibilidad en el sector MICE ya no es una opción reputacional, sino una exigencia del mercado, de los reguladores y, sobre todo, de los propios participantes. Las nuevas generaciones de asistentes y organizadores demandan eventos responsables, inclusivos y coherentes con los valores de la transición ecológica. En este escenario, los destinos, organizadores profesionales de congresos (PCO), recintos feriales, hoteles y proveedores deben repensar sus modelos operativos.

El impacto real de los eventos

Un evento MICE puede generar beneficios económicos notables: gasto en alojamiento, restauración, transporte, producción técnica, empleo temporal y posicionamiento internacional del destino. Sin embargo, también implica una huella ambiental considerable. El transporte aéreo de participantes internacionales, el consumo energético de recintos, la generación de residuos, el uso de materiales efímeros o el desperdicio alimentario son algunos de los principales focos de impacto.

Diversos estudios sitúan el transporte como el principal contribuyente a la huella de carbono de un congreso internacional, representando en muchos casos más del 70% de las emisiones totales. A ello se suma el consumo energético de los centros de convenciones, especialmente en eventos de gran formato que requieren iluminación, climatización y equipamiento audiovisual intensivo.

En este contexto, el reto no consiste únicamente en compensar emisiones, sino en rediseñar los eventos desde su concepción para minimizar impactos y maximizar impactos positivos.

Marco internacional y estándares de referencia

La profesionalización de los eventos sostenibles se apoya en marcos normativos y estándares reconocidos internacionalmente. La norma ISO 20121, desarrollada inicialmente para los Juegos Olímpicos de Londres 2012, establece un sistema de gestión para la sostenibilidad de eventos que integra aspectos ambientales, sociales y económicos. Esta norma proporciona una estructura para identificar riesgos, oportunidades y objetivos medibles.

Asimismo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas se han convertido en una hoja de ruta estratégica para alinear los eventos con metas globales como la acción por el clima, la igualdad de género, el trabajo decente o la producción y consumo responsables.

En paralelo, el enfoque ESG —Environmental, Social and Governance— está ganando peso en el ámbito corporativo y se traslada al sector MICE. Las empresas organizadoras y los destinos deben demostrar no solo eficiencia ambiental, sino también prácticas éticas, diversidad en sus equipos y transparencia en su gobernanza.

El papel de los destinos MICE

Los destinos juegan un papel determinante en la transición hacia eventos más sostenibles. No se trata únicamente de contar con infraestructuras modernas, sino de ofrecer un ecosistema alineado con criterios de sostenibilidad: transporte público eficiente, energías renovables, políticas de economía circular y compromiso institucional.

Ciudades como Copenhague, Viena o Singapur han integrado la sostenibilidad en su estrategia de posicionamiento MICE. Estas ciudades ofrecen herramientas de cálculo de huella de carbono, programas de legado social y asesoramiento a organizadores para reducir impactos. Además, promueven la colaboración entre sector público y privado para garantizar coherencia en toda la cadena de valor.

El concepto de “destino sostenible” va más allá de la certificación puntual. Implica planificación urbana, gestión responsable del agua y la energía, y políticas de inclusión social que aseguren que los beneficios del turismo de negocios se distribuyan equitativamente.

Del evento neutro al evento regenerativo

Durante años, el objetivo principal fue alcanzar la neutralidad en carbono mediante la compensación de emisiones. Sin embargo, el debate ha evolucionado hacia modelos más ambiciosos: eventos regenerativos que generen un impacto positivo en el territorio.

Un evento regenerativo no solo reduce su huella, sino que deja un legado tangible. Esto puede materializarse en proyectos de formación local, restauración de espacios naturales, transferencia de conocimiento a universidades o apoyo a iniciativas sociales. El legado se planifica desde la fase de candidatura y se integra en la narrativa del evento.

Por ejemplo, congresos científicos pueden colaborar con centros de investigación locales, mientras que eventos corporativos pueden impulsar programas de voluntariado o mentoring en la comunidad anfitriona. La clave está en diseñar acciones alineadas con la temática del evento y con las prioridades estratégicas del destino.

Innovación tecnológica y digitalización

La tecnología se ha convertido en aliada fundamental para reducir el impacto ambiental del sector MICE. Las plataformas híbridas permiten combinar asistencia presencial y virtual, reduciendo desplazamientos innecesarios. La digitalización de acreditaciones, programas y materiales promocionales disminuye el consumo de papel y plásticos.

Además, las herramientas de análisis de datos facilitan la medición en tiempo real de consumos energéticos, generación de residuos o patrones de movilidad de los asistentes. Esta información es esencial para establecer indicadores clave de rendimiento (KPIs) y mejorar en ediciones futuras.

Sin embargo, la digitalización también implica un consumo energético asociado a servidores y centros de datos, lo que obliga a considerar la eficiencia energética y el uso de energías renovables en la infraestructura tecnológica.

Gestión responsable de proveedores

La sostenibilidad de un evento depende en gran medida de su cadena de suministro. Catering, montaje, producción audiovisual, transporte y alojamiento forman parte de un ecosistema complejo. Integrar criterios ambientales y sociales en los pliegos de contratación es una de las medidas más efectivas para transformar el sector.

Algunas prácticas recomendadas incluyen:

  • Priorizar proveedores locales para reducir emisiones de transporte.
  • Exigir planes de gestión de residuos y eliminación de plásticos de un solo uso.
  • Incorporar productos de temporada y de proximidad en la oferta gastronómica.
  • Garantizar condiciones laborales dignas y cumplimiento de normativas.

La transparencia y la trazabilidad son esenciales. Cada vez más organizadores solicitan a sus proveedores datos sobre huella de carbono, consumo de agua o certificaciones ambientales.

Inclusión, accesibilidad y diversidad

La sostenibilidad social es un pilar igualmente relevante. Un evento responsable debe ser accesible para personas con diversidad funcional, promover la igualdad de género en paneles y equipos organizativos, y fomentar la diversidad cultural.

La accesibilidad universal implica adaptar espacios físicos, ofrecer interpretación en lengua de signos, subtitulado en tiempo real o materiales en formatos accesibles. Asimismo, la política de selección de ponentes puede contribuir a visibilizar talento femenino y de colectivos tradicionalmente infrarrepresentados.

En el ámbito laboral, el sector MICE debe apostar por empleo de calidad, formación continua y oportunidades de desarrollo profesional. La precariedad y la temporalidad excesiva son desafíos que deben abordarse desde una perspectiva estructural.

Medición y reporting: la base de la credibilidad

Sin medición no hay gestión. La elaboración de memorias de sostenibilidad específicas para eventos permite comunicar resultados de forma transparente y evitar el greenwashing. Indicadores como emisiones de CO₂ por asistente, porcentaje de residuos reciclados, consumo de agua o impacto económico local deben formar parte del reporting habitual.

La comparación entre ediciones sucesivas ayuda a identificar mejoras y áreas críticas. Además, la comunicación honesta de retos pendientes genera confianza entre stakeholders.

Retos futuros del sector MICE

El crecimiento previsto del turismo de negocios plantea interrogantes sobre la capacidad de los destinos para absorber grandes flujos sin comprometer recursos naturales. El cambio climático puede afectar la disponibilidad de agua, la estabilidad energética y la seguridad de determinadas regiones.

Por otro lado, las regulaciones europeas y nacionales en materia de sostenibilidad serán cada vez más exigentes. La taxonomía verde, la directiva de reporting corporativo y los compromisos de descarbonización obligarán a las empresas del sector a profesionalizar su gestión ESG.

La competitividad futura dependerá de la capacidad de anticiparse a estos cambios. Los destinos y organizadores que integren la sostenibilidad como eje estratégico, y no como elemento accesorio, estarán mejor posicionados para atraer eventos internacionales.

Hacia una cultura de corresponsabilidad

La transformación del sector MICE no puede recaer exclusivamente en organizadores o administraciones. Los asistentes también tienen un papel clave: elegir opciones de transporte más sostenibles, reducir desperdicios y participar activamente en iniciativas de legado.

La sostenibilidad en eventos es un ejercicio de corresponsabilidad. Cada decisión —desde el diseño del escenario hasta la elección del menú— suma o resta en el balance final. La cultura organizativa debe incorporar esta visión transversal.

Conclusión

El sector MICE se enfrenta a uno de los mayores retos de su historia reciente: demostrar que es posible combinar dinamismo económico, innovación y responsabilidad ambiental y social. La sostenibilidad no debe percibirse como un coste adicional, sino como una inversión estratégica que fortalece la reputación, reduce riesgos y genera valor compartido.

Los eventos del futuro serán aquellos capaces de generar experiencias memorables sin comprometer los recursos de las generaciones venideras. Pasar del impacto al legado implica medir, planificar y actuar con coherencia. Implica también comprender que cada congreso, feria o convención es una oportunidad para impulsar cambios positivos en el territorio que los acoge.

En definitiva, el éxito del sector MICE en las próximas décadas dependerá de su capacidad para evolucionar hacia modelos más inteligentes, inclusivos y regenerativos. Porque organizar un evento ya no consiste solo en reunir personas, sino en construir futuro.

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