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Seguramente y al menos una vez en tu vida habrás escuchado eso de “el Gobierno, la Agenda 2030 y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) trabajan juntos para que no llueva en el campo e importemos los productos de fuera”. Es una afirmación que hoy, jueves 5 de junio, día del medioambiente, conviene refutar más que nunca.

Los contrails (palabra inglesa que significa condensation trails o estelas de condensación) son estelas de vapor de agua que se producen por la quema de combustible de los aviones. Son de color blanco y tienen un efecto negativo en el clima, generando un efecto atrapador del calor de la atmósfera y aumentando la temperatura de la Tierra. No debe confundirse con la teoría de la conspiración de los chemtrails, -últimamente animada por algún que otro jugador rojiblanco- que afirma que las estelas se forman deliberadamente debido a la acción de actores externos con el objetivo de reducir la probabilidad de lluvia en un área determinada.

El sector de la aviación representa un 1,2% de las emisiones de gases de efecto invernadero totales en España según las últimas cifras del Inventario de Emisiones del Gobierno de España, la aviación, que, sumado al efecto de los contrails, se puede duplicar. Los aviones emiten CO2 principalmente, que es el principal causante del cambio climático, y que, a diferencia de los chemtrails, sí debe preocuparnos. Además, afecta negativamente a la salud de la ciudadanía a través de la emisión de partículas finas que pueden influir en la aparición de demencia, diabetes o hipertensión.

Reducir las emisiones es cada vez más acuciante debido al negativo aumento de los efectos de los fenómenos meteorológicos como la DANA, que son más violentos y se producen con una periodicidad mayor debido al cambio climático. Las más de 200 personas fallecidas y las miles que perdieron sus casas en Valencia evidencian la urgente necesidad de actuar para salvaguardar nuestro modo de vida y el territorio: según los datos del programa europeo Copernicus, 2024 fue el año más caluroso desde que se tienen registros.

Cada 15 años, el tráfico aéreo se duplica, y las mejoras de los aviones no son suficientes para detener el aumento de sus emisiones. 2024 fue un año récord para la aviación, con 309 millones de pasajeros en los aeropuertos españoles.

A diferencia del transporte por carretera, como los camiones o los coches, que sí que pueden funcionar con baterías, la reducción de las emisiones de los aviones es más difícil. Como recoge ECODES en el informe “El futuro verde de la aviación en España”, ni el hidrógeno ni la electricidad van a ser alternativas en el corto y medio plazo y debe recurrirse a otras, como los combustibles sostenibles.

Los combustibles sostenibles de aviación son combustibles que no se producen a partir de combustibles fósiles. Son perfectamente compatibles con el queroseno fósil y se dividen en dos categorías principales: los de origen biológico, a partir de materias como residuos, y los sintéticos, que se producen a partir de electricidad renovable, agua y CO2 capturado de la atmósfera.

Los combustibles de origen biológico, llamado HEFA y que se produce a partir de cocina usada, pueden reducir las emisiones, en todo su ciclo de vida, hasta un 80%. Sin embargo, las preocupaciones en torno al riesgo de fraude, la potencial falta de materia prima  y su necesaria importación hacen de este combustible una alternativa poco sostenible, donde la transparencia brilla por su ausencia. En 2023 en España, más de un tercio de la materia prima para producir HEFA tuvo que ser importada de países tan lejanos como Indonesia.

Por otro lado, los combustibles sintéticos son los combustibles más sostenibles y con menos emisiones en comparación al combustible fósil de los aviones ya que se producen a partir de electricidad de origen renovable, CO2 de la atmósfera y agua.

La adopción de estos nuevos combustibles obedece al mandato de la Unión Europea. Según un Reglamento europeo, en el periodo 2030-2031, la mayoría de aeropuertos españoles deberán disponer de un 6% de combustible sostenible, del cual, al menos el 1,2% debe ser combustible sintético. 

En definitiva, las alternativas que existen hoy en día para avanzar en la transición verde de la aviación en España, mejorar nuestra salud y proteger el medioambiente pasan por la creación de una hoja de ruta clara para la producción de combustibles sintéticos, asegurar las decisiones finales de inversión de las plantas de producción de estos combustibles y la colaboración de todos los actores implicados.

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Opinión#medioambiente2025

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