Hace apenas seis años, la UE se sumaba a los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático en el que se fijó como unos de los objetivos alcanzar la neutralidad en emisiones de carbono para el año 2050. Con independencia de las estrategias emprendidas por otros países, en España contamos con el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 que nos marca una hoja de ruta que busca reducir las emisiones de gases invernadero en favor del desarrollo de las energías renovables y la eficiencia energética.
Afortunadamente, en nuestro país contamos con un tejido industrial sólido y competitivo que incluye compañías líderes en la fabricación de componentes fotovoltaicos. Como consecuencia, España es el país europeo líder en energía fotovoltaica -sextos a nivel mundial-, con un récord de capacidad instalada tanto en el segmento de plantas en suelo, con más de 4.000 MW de nueva capacidad, como en el de autoconsumo, con más 450 MW.
En los próximos años, la industria solar representará el grueso de energía renovable, dando empleo a más de 22 millones de personas el mundo para 2050. Hoy en día, y a pesar de la pandemia vivida por el coronavirus Covid-19, el sector se encuentra a pleno empleo y demanda cada vez más profesionales cualificados capaces de dar respuesta a las necesidades actuales y futuras. Si en diez años logramos que la mitad de la energía que consumamos provenga del sol habremos alcanzado un hito en términos de sostenibilidad y, además, apostando por la competitividad del país generando empleo cualificado.
En la actualidad, el sector de la energía fotovoltaica es una palanca de recuperación que genera en nuestro país trabajo para unas 60.000 personas, de forma tanto directa como inducida. Sin embargo, el volumen de proyectos existentes y las posibilidades de desarrollo del sector hacen que esté previsto que esta cifra crezca de forma exponencial en los próximos años. Un hecho de gran calado, si tenemos en cuenta que el desempleo en España supera el 16% y que las tasas de empleo, para todos los niveles de formación, son más bajas que la media de los países de la OCDE y de la UE23.
A día de hoy, la industria fotovoltaica tiene una gran demanda de profesionales, fundamentalmente de ingenieros y especialistas en instalación y mantenimiento, legal, finanzas o comercial. Además, nos encontramos con una autentica reconversión de profesionales con experiencia industrial y otras tecnologías que pueden adecuarse al sector de la fotovoltaica. El educativo, por su parte, se está adaptando a la demanda de estos profesionales para capacitarlos adecuadamente para estas tecnologías.
Dentro de un nuevo modelo productivo basado en el desarrollo energético eficiente, el sector fotovoltaico es de los más favorables para impulsar nuestro PIB, al que ya aporta más de 5.000 millones de euros, y crear nuevos puestos de trabajo. No se trata de una apuesta de futuro para las nuevas generaciones, se trata de una necesidad actual y presente. O incorporamos profesionales multidisciplinares o seguiremos exportando talento a otros mercados, mientras sigue creciendo el desempleo en nuestro país. España tiene capacidad para que se pueden llegar a generar 1,13 millones de ‘empleos verdes’ si se realizan las inversiones adecuadas en energías renovables, transporte sostenible e infraestructuras verdes.
Siguiendo los criterios adecuados, a la hora de la instalación y mantenimiento de las plantas fotovoltaicas, podemos impulsar un modelo de empleabilidad que incluya personal local, priorizando la contratación de bienes y servicios próximos al emplazamiento de la instalación, para poder así reducir la huella de carbono. Además de generar empleo y reducir contaminación, en este caso estaremos contribuyendo a la lucha contra la despoblación rural, favoreciendo el trabajo local y la inserción e integración laboral de colectivos con dificultades para entrar en el mercado laboral. La población de las proximidades de las plantas se beneficiaría de servicios y estructuras como consecuencia de los impuestos que recibirán los ayuntamientos de las plantas, favoreciendo no sólo que no se abandonen los pueblos, sino que incluso puedan recibir nuevos habitantes.
Nos encontramos ante una oportunidad de caminar hacia una economía limpia, en la que la industria fotovoltaica es clave, desde una actitud sostenible y respetuosa con la biodiversidad.