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Hace unos días me invitaron a hablar sobre sostenibilidad en el IV Simposio “Empresas de rostro humano”, en la Universidad Internacional de Catalunya (UIC), en Barcelona. La invitación venía de Carlos Rey, responsable de la Cátedra Dirección por Misiones y Gobierno Corporativo en la UIC
La sostenibilidad tiene formas muy distintas

Aproveché la ocasión para contar algo que siempre me ha interesado: la sostenibilidad es… muchas cosas distintas. Tal como yo lo expliqué entonces, son seis, pero se dan, frecuentemente, varias a la vez.

  • La primera es la correctiva. La empresa hace algo mal, en el cuidado del medio ambiente, en los derechos humanos, en la política laboral, en la calidad de sus productos… La sociedad le llama la atención, y la empresa lo reconoce: porque puede costarle caro, porque esa es su responsabilidad social, porque ese es su deber moral o por otras razones. La reacción de la empresa puede ser negar su responsabilidad, defenderse de las críticas (“nosotros cumplimos todas las leyes”),cosmética (“hagamos algo que tranquilice a los que nos censuran”), filantrópica(“ya damos dinero a obras sociales”) o, como es lógico, pone los medios para no seguir haciendo daño.

 

  • La segunda se podría llamar contributiva: la sociedad pide a la empresa no solo que no haga daño, sino que contribuya positivamente a mejoras sociales. De alguna manera, la empresa se convierte en un actor de la transformación de la sociedad, un actor con caracteres políticos, que necesita colaborar con las autoridades, con otros actores (oenegés, empresas del tercer sector, etc.) y con otras empresas.

 

  • Tercera manera de ser sostenible: por criterios económicos. Sea espontáneamente, sea a raíz de lo dicho en los dos apartados anteriores, la empresa descubre que ser socialmente responsable puede reducir costes de producción y transporte, atraer, motivar y retener empleados, fomentar la lealtad de los clientes, reducir riesgos y atraer inversores… No es una razón despreciable, ya que puede poner a muchas empresas en la vía de comportamientos responsables.

 

  • La cuarta es la instrumental. La responsabilidad social y la sostenibilidad acaban convirtiéndose en técnicas, sistemas de gestión e instrumentos, y es probable que muchas empresas empiecen por aquí su camino, o que acaben aquí cuando, preocupados por cómo ser más sostenibles y responsables, se encuentran ante la necesidad de crear esos sistemas e instrumentos.

 

  • Pero la sostenibilidad es también una buena manera de dirigir, con la que se encuentran los buenos directivos cuando tratan de tener en cuenta los muchos efectos de sus decisiones, la necesidad de ser transparentes y dialogantes, la visión a largo plazo, el buen gobierno… Me parece que, si se toman en serio la sostenibilidad medioambiental, económica, social y ética, los directivos acabarán dándose cuenta de que esto les lleva a ser mejores directivos.

 

  • La última forma, probablemente la última etapa de la serie, es lo que podríamos llamar sostenibilidad identitaria, que empieza con preguntas como ¿qué tipo de empresa queremos ser?, ¿cuáles son nuestras responsabilidades en la sociedad?, ¿cómo tenemos que comportarnos como los distintos stakeholders? Todo lo demás fluye a partir de las respuestas a esas preguntas.

No importa por qué etapas pase la vocación de la empresa hacia la responsabilidad y la sostenibilidad: al final, me parece, si perseveran en ella, acabará corrigiendo sus fallos, contribuyendo al bienestar de la sociedad, mejorando su cuenta de resultados, desarrollando sistemas e instrumentos útiles y siendo una empresa con una identidad clara, bien dirigida.

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