En España nos estamos enfrentando a dos problemas básicos en materia económica que son la elevada tasa de desempleo (23%, aunque con más del 50% en los jóvenes) y la competitividad empresarial ante el fenómeno de la Globalización. No son pocos los organismos internacionales que aconsejan a España una bajada salarial para hacer más competitiva la oferta de productos españoles en el exterior.
La solución propuesta parece atractiva desde un punto de vista clásico, pues a menores salarios aumentaría la demanda de factor trabajo y al ser más barato este factor disminuirían los costes de las empresas, aumentando así su competitividad.
Aunque los empresarios no deben fijarse únicamente en el coste por trabajador, sino que deben compararlo con la productividad del mismo. En este caso, definimos los Costes Laborales Unitarios (CLU) como el coste medio del trabajo por unidad producida.
CLU= (Coste Laboral Medio (CLM))/(Productividad Media del Trabajo (PMT))
Si definimos el CLM como el coste del trabajador para la empresa (aunque por dificultades de estimación se excluyen algunos) dividido el número de horas trabajadas.
CLM= (Coste Laboral (CL))/(Horas trabajadas asalariados)
La PTM se define como el valor de la producción terminada a la que se le sustrae el valor de los inputs intermedios, en valor real y dividido por las horas trabajadas.
PMT=(VAB⁄(Deflactor del VAB))/(Total Horas trabajadas (THT) )
Si revisamos la expresión podemos afirmar que una disminución del CLU, ceteris paribus, se produciría en los siguientes casos:
Pero vayamos a los datos. Si observamos el siguiente gráfico vemos como las remuneraciones de los trabajadores asalariado siempre han crecido por encima de la productividad del factor, lo que aumentaría los CLU, según definimos antes.

Aunque no olvidemos que de lo que hablamos es de competitividad y cabe, en este caso, compararnos con alguien más, en este caso con la zona euro.

Si bien los incrementos salariales en España siempre han ido por encima de los producidos en la zona euro, a partir de mediados del 2010 esta tendencia se invierte.
En cuanto a la productividad del trabajo, la relación no es tan clara. Podríamos destacar como desde 2008 se ha ido situando por encima de las tasas de crecimiento producidas en la zona euro. La explicación en España radica en la mayor destrucción de puestos de trabajo lo que ha permitido compensar la disminución de la producción.
La indexación de salarios a la productividad del factor, como exige Alemania, parece ser una buena opción si lo que pretendemos es solucionar problemas de oferta. Pero no debemos olvidar que esta crisis no es sólo de oferta y está afectando a componentes de la demanda como el consumo privado.
Los puntos débiles de esta propuesta son fácilmente deducibles. En el caso español está muy claro, si observamos que las ganancias de productividad se han producido en épocas de “vacas flacas” destruyendo puestos de trabajo, según esta opción al aumentar la productividad se deberían aumentar los salarios, mientras que en épocas expansivas los salarios se deberían mantener más estables.
Además, nunca comentan cómo calcularían la productividad de funcionarios o del sector servicios. Además, que un trabajador obtenga más producto por hora trabajada también depende de la voluntad del empresario de invertir en tecnología, reduciendo su tasa de ganancia y aquí tenemos un serio problema.
También, ante esta cuestión nos encontramos con un problema de interpretación ideológica de lo que es y para lo que debe servir un salario. Unos piensan que es simplemente un coste más de producción y como tal debe ser tratado, de ahí la voluntad de asociar coste de factor a su productividad. En cambio, otros pensamos en el salario como la renuncia un tiempo vital y que debe servir para poder comprar, y por tanto si los bienes y servicios aumentan su valor, ¿por qué no el coste de oportunidad de estar trabajando?
Y como en economía todo depende desde la esquina desde la que se observe, cuando se pide internacionalizar la producción, (in)directamente se piensa en romper la relación que existe entre trabajadores-clientes. Si se consigue romper, las ventas no dependerán tanto de lo que cobren tus trabajadores permitiendo así más margen para bajadas de salarios.
En conclusión, cualquier opción que se elija va a tener sus pros y sus contras. Lo importante es que antes de decidir pensemos en los costes (todos) de estas medidas. Me llama mucho la atención que siempre se considere variable el factor trabajo, y por tanto ajustable, cuando quizás, y esto es diferente, lo importante es ajustar el factor empresarial. Cómo todo, es opinable.
[1] Datos del Banco de España y gráficos elaboración propia.