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Dice el Ministro de Educación, el Sr. Wert, que el propósito de financiar las enseñanzas en castellano en Catalunya es la de “españolizar” a los catalanes.  Me he preocupado profundamente por la concepción que de la educación tiene el máximo representante político en este ámbito en el Estado. 

Además, el día 12 de octubre algunas escuelas e institutos catalanes han decidido abrir sus puertas y recibir alumnos, y aunque no han realizado clases, han programado actos en contra de esta fiesta. Me preocupa el uso que se hace de un espacio destinado a otros menesteres.

La educación no debe servir como base de un adoctrinamiento. La educación debe ser la base de una ciudadanía libre y crítica.Voy a aprovechar estas palabras para enlazar un poco de pedagogía y la RSE. Realmente lo hicieron Thomson y Bebbington[1] en un trabajo de 2005 que abajo reseño. En este, para mi, estupendo trabajo los autores toman de referencia una obra y la percepción que sobre la educación, y su proceso, tiene un pedagogo brasileño llamado Paulo Freire[2].

Este pedagogo considera muy importante el tipo de educación que se imparte porque con ella podemos mantener el statu quo o cambiar el sistema (y se supone que debemos cambiar la insostenibilidad por la sostenibilidad). Si nos dedicamos a repetir unos esquemas establecidos y no enseñamos a ser críticos, simplemente estamos transmitiendo una estructura que en ningún momento se pondrá en cuestión.

En concreto, se diferencia entre la Banking education y la Dialogical education. La primera, se transmite de forma unidireccional, del profesor al alumno, con pocas posibilidades de discutir su contenido (perfecta si se pretende mantener el actual sistema). En cambio, en la segunda, tanto profesor como alumno se sitúan en un mismo nivel. Ambos empiezan un proceso de aprendizaje mutuo, que sabemos como empieza pero no como acaba.

La definición que de RSE nos da la Comisión Europea lleva implícita una concepción de diálogo con los stakeholders que se acercaría al segundo tipo de educación que nos menciona Freire. Se sobrentiende, por tanto, que si existe VERDADERA voluntad de asumir la RSE en el seno de la empresa, ésta se involucrará con sus stakeholders en un proceso de diálogo en el que ambos aprenderán y se beneficiarán de la experiencia. Los métodos de diálogo empleados deberían ser de tipo bidireccional en los que no se pretendiera sólo conocer qué asuntos preocupan a los grupos de interés (encuestas, por ejemplo), sino también, la empresa informante, debería plantear las suyas de forma transparente. Es en este proceso en el que todos participan, con todas las cartas sobre la mesa, cuando se pueden obtener unos resultados de aprendizaje importantes.

Los que intentamos entender en qué grado está implicada una empresa en la RSE podemos establecer una primera criba atendiendo a los tipos de contactos que se establecen entre empresa-stakeholder. En las memorias de “sostenibilidad” que se publican se deberían especificar estos métodos de contacto con los grupos, así cómo de quién emana la voluntad de diálogo, acuerdos obtenidos y compromisos cumplidos o no. Algo tan sencillo, permitiría algunas mejoras en estos documentos que se publican:

- La mejora en la participación de los grupos de interés permitiría un mejor establecimiento de aquellos temas materiales. Es más fructífero preguntar que te preocupa e intentar entender esta preocupación a través de un diálogo abierto, que preguntar a través de una encuesta, cuánto te preocupa el tema que te planteo.

- Si se establecen los temas materiales de forma correcta se puede evitar la presentación de informes de “sostenibilidad” excesivamente largos. En ellos, simplemente, se intenta enumerar todo lo que la empresa ha hecho durante el ejercicio, pero que puede no ser de mucho interés para el usuario de la información.

- Si en las memorias aparece lo que realmente interesa a los grupos de interés, quizás, empiecen a ser de utilidad. ¿Para qué sirven actualmente?

- Tampoco haría falta que las empresas incluyeran los informes de verificación de terceros, pues las información de las memorias sería confiable al ser elaborada entre todos los participantes.

Se puede objetar que el coste de acometer estas acciones es demasiado elevado y que podría hacer de la RSE algo poco atractivo para las empresas. La verdad es que la RSE no debe ser rentable sino sostenible. Una empresa que se considere “responsable”, o más aún, “sostenible” debería pensar en otros términos, diferentes a los estrictamente económicos.  Aunque es difícil cambiar algo que se ha establecido como Ley Universal: “Las empresas deben ganar dinero”, podemos empezar por desaprender lo aprendido y pensar que a través de una educación dialogada podemos aprender más, mucho y mejor. Una cosa que decía mi abuela era que el saber no tiene precio, no existe dinero que lo pueda comprar.

@Paco_Cervera

[1] Ian Thomson and Jan Bebbington, “Social and Environmental Reporting in the UK: a Pedagogic Evaluation,” Critical Perspectives on Accounting 16, no. 5 (July 2005): 507–533, http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S104523540300131X.

[2] Paulo Freire, Pedagogy of the Oppressed (London: Pelican, 1996).


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