
La sostenibilidad ha dejado de ocupar un lugar secundario en muchas organizaciones y avanza hacia los espacios donde se toman las decisiones estratégicas. Sin embargo, el reto de trasladar esa prioridad a la realidad cotidiana de las empresas continúa abierto. Así lo refleja la segunda edición del Barómetro Esade-ISS de la Sostenibilidad en el Workplace, elaborado por el Instituto de Innovación Social de Esade y ISS Iberia, que advierte de una distancia significativa entre la ambición declarada y la aplicación efectiva de las políticas sostenibles.
Uno de los datos más destacados del informe es el creciente peso de la sostenibilidad en la estructura directiva de las empresas. Actualmente, siete de cada diez responsables de sostenibilidad reportan directamente a la dirección ejecutiva, frente al 45% registrado el año anterior. Esta evolución confirma que los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) están ganando relevancia en la estrategia empresarial.
No obstante, según recoge el estudio, este avance en los órganos de decisión no siempre se traduce en transformaciones profundas dentro de las organizaciones. Aspectos como el liderazgo, la cultura corporativa, el bienestar de las plantillas o las políticas de inclusión continúan mostrando importantes márgenes de mejora.
Según explica Sonia Ruiz, investigadora del Instituto de Innovación Social de Esade y autora del informe, el entorno de trabajo constituye uno de los mejores indicadores para evaluar el compromiso real de una empresa con la sostenibilidad. A su juicio, las organizaciones que integren esta visión en sus espacios de trabajo estarán mejor preparadas para afrontar los desafíos de transformación que plantea el actual contexto económico y social.
Por su parte, Eulalia Devesa, directora de Sostenibilidad Social de ISS Iberia, subraya que el objetivo debe ser convertir la sostenibilidad en un elemento tangible de la cultura empresarial, incorporándola a las decisiones, servicios y formas de trabajo, con las personas como eje central.
El informe identifica avances relevantes en ámbitos como la eficiencia energética o la incorporación de energías renovables, prioridades que siguen ganando protagonismo en las estrategias corporativas. También destaca el creciente interés por la gestión del agua, impulsado por la presión derivada de la crisis hídrica que afecta a distintos territorios españoles.
Sin embargo, el estudio detecta dificultades para materializar otras áreas clave de la agenda sostenible. Es el caso de la economía circular, cuyo elevado nivel de reconocimiento no se corresponde con el ritmo de implantación de medidas concretas.
En el ámbito social, la diversidad, la equidad y la inclusión aparecen como prioridades ampliamente compartidas por las empresas participantes. Pese a ello, el barómetro señala que aún existe una brecha considerable entre el compromiso expresado y la capacidad de generar cambios estructurales que transformen los entornos laborales.
Otra de las debilidades identificadas es la gestión sostenible de la cadena de valor. Muchas organizaciones continúan encontrando obstáculos para extender sus compromisos ESG a proveedores, colaboradores y otros actores vinculados a su actividad. Del mismo modo, la gobernanza sostenible sigue asociándose en numerosos casos al cumplimiento normativo más que a una herramienta estratégica para anticipar riesgos y generar valor a largo plazo.
La investigación se basa en las respuestas de 46 compañías de sectores como alimentación, finanzas, construcción o industria farmacéutica. Más de la mitad forman parte del índice bursátil español y cerca del 80% cuentan con plantillas superiores al millar de personas.
A partir de este análisis, el informe identifica cinco grandes desafíos que condicionarán la evolución de los espacios de trabajo durante los próximos años. Entre ellos figuran la consolidación del trabajo híbrido, la incorporación de la inteligencia artificial, la pérdida de confianza en las organizaciones, el deterioro del compromiso laboral y la creciente relevancia de las habilidades humanas frente a la automatización.
Los datos reflejan la dimensión de estos retos. Menos de la mitad de las empresas dispone de una política formal sobre trabajo híbrido y la mayoría reconoce no haber preparado adecuadamente a sus responsables para gestionar estos modelos. Asimismo, el estudio advierte de la dificultad para obtener resultados transformadores de las inversiones en inteligencia artificial y pone de relieve los bajos niveles de confianza y vinculación emocional de las plantillas con sus organizaciones.
En paralelo, capacidades como la creatividad, la empatía, el pensamiento crítico o la generación de confianza emergen como competencias especialmente valiosas en un contexto marcado por la digitalización y la automatización de procesos.
Para reducir la distancia entre los compromisos ESG y su aplicación práctica, el Barómetro Esade-ISS propone una serie de recomendaciones dirigidas a las empresas. Entre ellas destacan la integración de la sostenibilidad en los mecanismos reales de decisión, el fortalecimiento de la escucha activa de los distintos grupos de interés, el refuerzo de la transparencia y la adopción de una visión de largo plazo.
El informe también plantea la necesidad de situar el bienestar de las personas como un factor estratégico para la resiliencia empresarial, extender las competencias relacionadas con la sostenibilidad a todas las áreas de la organización y avanzar hacia modelos de trabajo capaces de generar un impacto positivo más allá de la reducción de impactos negativos.
La conclusión es clara: la sostenibilidad ya forma parte de la agenda de las empresas, pero el verdadero desafío consiste ahora en convertir esa prioridad estratégica en una realidad visible en la cultura, las decisiones y los espacios de trabajo cotidianos.
Enlace al II Barómetro Esade – ISS de Sostenibilidad en el Workplace