
Las principales corporaciones europeas están desempeñando un papel determinante en el aumento de la desigualdad económica y social, de acuerdo con el último análisis publicado por Oxfam Intermón. La organización advierte de que las decisiones empresariales adoptadas por las mayores compañías del continente están contribuyendo a profundizar las diferencias de ingresos, limitar los avances en igualdad y ralentizar la transformación hacia una economía baja en carbono.
El informe revela que, entre 2022 y 2024, las 100 mayores empresas europeas destinaron de media el 70% de sus beneficios a dividendos y recompras de acciones. En algunos casos, incluso repartieron entre sus accionistas más dinero del que obtuvieron como ganancias. Entre las compañías señaladas figuran Telefónica, BP y Zurich Insurance Group.
El documento destaca especialmente los casos de Telefónica y Repsol, que se sitúan entre las empresas europeas que mayor proporción de sus beneficios han dedicado a remunerar a los accionistas. En el caso de Telefónica, la compañía mantuvo dividendos y recompras de acciones incluso en un ejercicio en el que registró pérdidas.
Según Oxfam Intermón, esta creciente presión por maximizar la rentabilidad para los accionistas también tiene consecuencias sobre la transición ecológica. El análisis concluye que los accionistas recibieron, de media, 32 veces más recursos de los que las compañías destinaron a financiar su transformación ambiental.
Algunos casos reflejan una diferencia especialmente acusada. La empresa francesa Saint-Gobain llegó a repartir entre sus accionistas una cantidad 838 veces superior a la inversión destinada a transición verde, mientras que L'Oréal destinó a sus accionistas 108 veces más recursos que a este tipo de inversiones.
El informe también pone el foco en las diferencias salariales dentro de las propias compañías. De acuerdo con los datos recopilados por Oxfam Intermón, la remuneración media de los consejeros delegados alcanzó los seis millones de euros en 2024.
Las mayores remuneraciones correspondieron a Stellantis, con 22 millones de euros; Novartis, con 20,3 millones; y AstraZeneca, con 17,8 millones.
La brecha salarial entre directivos y plantillas también continúa ampliándose. Mientras que en 2022 los CEO percibían de media 74 veces más que el trabajador medio de sus empresas, en 2024 esa diferencia alcanzó las 78 veces.
Entre las compañías con mayores desigualdades salariales figuran Carrefour, con una ratio de 361 a 1; Compass Group, con 352 a 1; y Inditex, con 322 a 1.
En el caso español, la distancia es aún más pronunciada. Las empresas analizadas presentan una diferencia media de 119 veces entre la remuneración más alta y el salario medio. Inditex aparece como la tercera empresa europea con mayor brecha salarial, mientras que Banco Santander ocupa la séptima posición y ACS la decimotercera.
Según el informe de Oxfam Intermón, la concentración de poder en los órganos de decisión continúa siendo una de las principales asignaturas pendientes de las grandes corporaciones europeas.
Las mujeres ocupaban en 2024 apenas el 10% de los puestos de máxima responsabilidad, incluyendo presidencias, consejerías ejecutivas y direcciones generales. Además, los hombres percibieron de media un 10,7% más de salario que las mujeres, una diferencia que se amplía hasta el 22,9% cuando se comparan las remuneraciones de los CEO.
La representación femenina en puestos directivos alcanza el 27% en el conjunto de Europa, mientras que en las empresas españolas desciende hasta el 16%.
La organización también cuestiona la efectividad de los compromisos corporativos en materia de diversidad e inclusión. Aunque el 79% de las empresas analizadas asegura contar con objetivos específicos en este ámbito, únicamente el 1% los aplica de forma completa en sus operaciones, y ninguna lo hace de manera efectiva en toda su cadena de suministro.
Otro de los aspectos destacados por Oxfam Intermón es la limitada presencia de mecanismos de participación de los trabajadores en la gobernanza empresarial.
El 62% de las compañías europeas analizadas dispone de fórmulas que permiten la participación de la plantilla en órganos de decisión o en la propiedad accionarial. Sin embargo, ninguna de las empresas españolas incluidas en la muestra cuenta con este tipo de estructuras, una situación que sitúa a España entre los países europeos con menores niveles de democracia empresarial.
El informe también examina la influencia política de las grandes corporaciones. Solo el 18% de las empresas estudiadas publica información detallada sobre sus gastos en actividades de presión política o lobby.
Entre las compañías que sí ofrecen datos, el gasto medio alcanzó los 1,4 millones de euros en 2024. La cifra más elevada corresponde a Bayer, con 15,1 millones de euros.
Desde la perspectiva ambiental, el análisis señala que las emisiones agregadas de gases de efecto invernadero de las cien mayores empresas europeas equivalieron en 2024 al 26% de las emisiones globales. Entre las compañías con mayor huella climática destacan Shell, Rio Tinto y Airbus.
Según advierte Oxfam Intermón, estos datos reflejan un modelo empresarial centrado en maximizar beneficios a corto plazo, mientras se relegan cuestiones como los salarios dignos, la igualdad de género, la participación democrática o la acción climática.
La organización expresa además su preocupación por el actual contexto regulatorio. Recuerda que la Unión Europea aprobó a finales de 2025 el paquete Ómnibus de Simplificación, una iniciativa orientada a reducir determinadas obligaciones de información y diligencia debida en materia de sostenibilidad corporativa.
Ante esta situación, Oxfam Intermón reclama medidas como limitar la diferencia salarial entre CEO y trabajadores a una ratio máxima de 20 a 1, vincular el reparto de dividendos al cumplimiento de salarios dignos y objetivos climáticos, acelerar la aplicación de la normativa europea de transparencia salarial y reforzar la presencia de mujeres en los puestos de liderazgo.
Para la organización, la creciente desigualdad económica, social y climática no responde a una dinámica inevitable, sino a decisiones concretas que pueden modificarse mediante cambios regulatorios y transformaciones en la gobernanza empresarial. Según sostiene la entidad, avanzar hacia una economía más justa requiere redistribuir tanto la riqueza como el poder dentro de las grandes corporaciones.