El turismo lento, que prioriza el disfrute pausado de destinos, el transporte sostenible y la conexión con la cultura local, está en auge en España. Cada vez más viajeros optan por rutas en tren, senderos para ciclistas y escapadas de proximidad como alternativa al turismo masivo —una tendencia que trajo beneficios ambientales, psicológicos y económicos ya palpables.