Comer sano debería ir siempre acompañado de la alimentación sostenible. No sólo importa qué comemos sino de dónde viene aquello que consumimos. La forma de adquirir los alimentos debe cumplir una serie de requisitos para contribuir al cuidado medioambiental. Con una dieta correcta se podría reducir la emisión de gases de efecto invernadero hasta en un 40 %.