La transición hacia el vehículo eléctrico está dibujando un mapa diferente al que quizá imaginábamos. El despliegue de infraestructura no responde únicamente al número de vehículos o habitantes de un territorio y plantea una cuestión fundamental: para acelerar la transición, debemos entender no solo dónde viven los conductores, sino también cómo y por dónde se desplazan.