La inteligencia artificial comienza a transformar la producción de agua desalada mediante sistemas capaces de reducir el consumo energético, anticipar averías y mejorar tanto la gestión de las plantas como su impacto sobre los ecosistemas marinos. Según una información publicada por BBVA, estas herramientas pueden contribuir a abaratar y hacer más fiable la obtención de agua potable en un contexto en el que unos 2.100 millones de personas todavía carecen de acceso seguro a este recurso.