Hablar de transición ecológica en 2026 ya no es una cuestión de reputación, sino de supervivencia económica, ambiental y social. Y si nos centramos en el sector turístico, donde trabajo, vemos que la sostenibilidad ha dejado de ser un valor añadido para convertirse en el núcleo mismo del modelo de negocio. Al fin y al cabo, nuestra actividad depende directamente de la salud de los ecosistemas y de la cohesión de las comunidades locales. En este contexto, y en respuesta a la pregunta —tan incómoda como urgente— de si puede existir una verdadera transición ecológica sin igualdad de género, me inclino a decir que no.