
La expansión de la inteligencia artificial está modificando las competencias que demanda el mercado laboral español y plantea a las universidades el desafío de adaptar sus programas académicos, sus sistemas de evaluación y la capacitación del profesorado. Esta es una de las principales conclusiones de La universidad española ante la inteligencia artificial: formación digital, competencias y empleo, publicación presentada por la Fundación CYD, en colaboración con DigitalES e InfoJobs.
El punto de partida muestra la velocidad del cambio. En España, el 75,6% de los jóvenes de entre 16 y 24 años ya utiliza herramientas de inteligencia artificial, mientras que el 29,1% de los trabajadores las emplea en su puesto laboral. Sin embargo, esta rápida adopción todavía no encuentra una respuesta equivalente dentro de las instituciones universitarias.
La percepción del propio alumnado confirma este desajuste. Según el informe Uso y percepción de la IA en el entorno universitario II, publicado por la Fundación CYD en julio, el 90% de los estudiantes universitarios utiliza inteligencia artificial, pero el 62% asegura no haber recibido formación específica de su institución y el 46% considera que su universidad no fomenta su utilización.
La transformación también se refleja en las ofertas de empleo. De acuerdo con la radiografía del mercado laboral elaborada por InfoJobs y DigitalES, las vacantes destinadas a profesionales IT júnior descendieron un 5% entre 2025 y 2026. La caída alcanzó el 33% en programación júnior, mientras que las oportunidades dirigidas a perfiles sénior aumentaron un 13%.
En paralelo, crece con fuerza la búsqueda de profesionales vinculados al desarrollo y la integración de inteligencia artificial. Durante el primer trimestre de 2026 se registraron 8.713 ofertas de este tipo, un 64% más que en el mismo periodo de 2025 y un 178% por encima de 2024, con 5.583 vacantes adicionales.
Entre los perfiles técnicos que más crecieron entre 2024 y 2025 se encuentran los diseñadores de sistemas inteligentes de TIC, con 1.870 ofertas y un incremento del 351%; los científicos de datos, con 1.657 vacantes y un aumento del 30%; los desarrolladores backend, con 1.338 ofertas y un 99% más; y los full stack engineers, con 1.266 y un crecimiento del 58%.
El manejo de asistentes de inteligencia artificial y chatbots también empieza a consolidarse como competencia profesional. Las ofertas que exigen estos conocimientos aumentaron un 45% interanual, desde 2.653 en el primer trimestre de 2025 hasta 3.847 en el mismo periodo de 2026.
Aunque el 80% de estas vacantes se concentra todavía en el sector tecnológico, la demanda se extiende a las ingenierías, con un 6%, y a ámbitos como calidad e I+D, marketing y comunicación, administración de empresas y educación, cada uno con un 2%.
Este escenario también refuerza el valor de los perfiles híbridos. Más de 285.000 ofertas de empleo incluyeron habilidades humanas o soft skills, un 17% más que un año antes. Capacidades como el pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación o la adaptación adquieren así una importancia creciente junto a las competencias tecnológicas.
Para conocer cómo está respondiendo la educación superior, la Fundación CYD, junto a DigitalES e InfoJobs, encuestó entre marzo y abril de 2026 a responsables institucionales de 45 universidades españolas: 26 públicas y 19 privadas. La participación alcanzó el 50,6%.
Los resultados muestran una considerable distancia entre la percepción del cambio y la capacidad institucional para actuar. Aunque el 65% de los centros considera que la IA transformará radicalmente la universidad durante los próximos cinco años, únicamente el 17,5% cuenta con una estrategia oficial ya implementada. No obstante, el 75% dispone de una unidad específica dedicada a la IA o prevé crearla.
La formación tampoco se ha extendido todavía de manera generalizada. El 46,3% de las universidades concentra la enseñanza sobre inteligencia artificial en titulaciones tecnológicas y solo el 29,3% la incorpora de forma interdisciplinar. La existencia de una unidad especializada marca diferencias: entre estos centros, el 44,4% ofrece formación transversal, frente al 20% de quienes carecen de ella.
Otro desafío se encuentra en la capacitación docente. El 57,8% de las universidades proporciona formación específica sobre IA al profesorado, pero en el 69,2% de esos centros ha participado menos de la mitad de la plantilla. Las principales barreras identificadas son la falta de recursos económicos, mencionada por el 57,8%, y la escasez de personal especializado, señalada por el 48,9%.
La conexión con las transformaciones del empleo representa otro punto débil: únicamente el 31% de las universidades dispone de un observatorio encargado de monitorizar la evolución del mercado laboral.
Ante los cambios provocados por la inteligencia artificial, el 80% considera necesario modificar los planes de estudio y el 63,9% identifica la adaptación de los sistemas de evaluación como la prioridad más urgente.
También existen diferencias en las alianzas institucionales. El 69,1% de las universidades colabora con el sector privado, frente al 40,5% que mantiene colaboraciones con otras instituciones universitarias.
El estudio detecta, además, una desconexión entre algunas de las capacidades que más se trabajan actualmente y aquellas consideradas fundamentales ante la expansión de la IA. El trabajo en equipo es promovido por el 80% de las instituciones, mientras que el pensamiento crítico alcanza el 53,3%. En el caso de la comunicación, el informe identifica una brecha de 44,5 puntos porcentuales.
La titularidad de las universidades también condiciona la respuesta. Las instituciones públicas muestran una mayor convicción sobre el carácter disruptivo de la inteligencia artificial: el 73,1% comparte esta percepción, frente al 36,8% de las privadas.
Las públicas también encabezan la oferta de microcredenciales, presentes en el 80,8% de los centros frente al 47,4% de los privados, y conceden mayor prioridad a la adaptación de los sistemas de evaluación, con un 57,7% frente al 42,1%.
Las universidades privadas, por su parte, muestran mayor agilidad en otros ámbitos. El 52,6% dispone de unidades específicas de inteligencia artificial, frente al 30,8% de las públicas. También presentan una implantación considerablemente superior de la formación interdisciplinar fuera de las ingenierías: 47,4% frente al 11,5%.
La colaboración empresarial sigue el mismo patrón. El 73,7% de las universidades privadas trabaja con empresas para integrar la inteligencia artificial, mientras que entre las públicas el porcentaje se sitúa en el 57,7%.
El informe de la Fundación CYD, DigitalES e InfoJobs define el momento actual mediante el concepto de “ansiedad de adopción”: las universidades son conscientes de la magnitud de la transformación tecnológica, pero las rigideces normativas y los problemas de gobernanza dificultan una respuesta con la misma velocidad que los cambios del mercado laboral.
Para reducir esta distancia, el estudio plantea avanzar desde un enfoque fundamentalmente preventivo, preocupado por cuestiones como la integridad académica o los métodos de evaluación, hacia una integración de la IA respaldada institucionalmente y capaz de aprovechar sus posibilidades en la enseñanza, el aprendizaje y la investigación.
La formación, además, debería superar los límites de las titulaciones estrictamente tecnológicas y avanzar hacia perfiles híbridos que combinen conocimientos especializados, competencias digitales avanzadas y habilidades humanas. Entre estas últimas, el informe destaca el pensamiento crítico ante los datos sintéticos y la capacidad de adaptación a entornos tecnológicos cambiantes.
La conclusión apunta así a un desafío que trasciende el acceso a las nuevas herramientas. Las universidades españolas ya reconocen la dimensión del cambio provocado por la inteligencia artificial. El siguiente paso será ganar agilidad institucional para integrarla de manera coordinada e interdisciplinar y acompasar la formación superior a un mercado laboral cuyas necesidades evolucionan cada vez más rápido.