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Desde Ginebra hasta Río de Janeiro, Naciones Unidas lanza un llamamiento contundente para situar los derechos humanos en el centro de la revolución digital y garantizar que tecnologías como la inteligencia artificial beneficien a toda la humanidad, especialmente a los países en desarrollo. La necesidad de una gobernanza multilateral justa y adaptada a los desafíos del siglo XXI marca el debate internacional.
IA para el bien común, no para unos pocos

La transformación digital avanza a un ritmo vertiginoso, redefiniendo las sociedades en todo el planeta. Si bien las tecnologías digitales ofrecen oportunidades sin precedentes para conectar a las personas, mejorar el acceso a servicios básicos como la educación y la sanidad, o dinamizar las economías, su desarrollo desregulado también plantea riesgos serios: desde la desinformación y las amenazas a la privacidad hasta nuevas formas de discriminación y exclusión.

Frente a este escenario, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, instó a situar los derechos fundamentales como eje vertebrador de la gobernanza digital. “Ante un cambio tan profundo, necesitamos más derechos humanos, no menos”, afirmó durante un evento de alto nivel por el vigésimo aniversario de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (WSIS, por sus siglas en inglés), celebrada en Ginebra.

Una transformación tecnológica con rostro humano

Según informó la Oficina del Alto Comisionado, las obligaciones jurídicas de los Estados y las responsabilidades de las empresas tecnológicas deben guiar la transición digital para garantizar que los datos personales estén protegidos, se combata la incitación al odio en línea y se contrarreste el sesgo algorítmico. “Una esfera digital segura, inclusiva y basada en la confianza es posible si ponemos los derechos humanos en el centro del diseño y uso de las tecnologías emergentes”, remarcó Türk.

La Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, cuyo origen se remonta a 2003 y 2005, ha sido un espacio clave para promover una agenda digital inclusiva. Desde entonces, ha servido como plataforma de diálogo entre gobiernos, sector privado, sociedad civil y organismos multilaterales, con el fin de aprovechar el potencial de las tecnologías de la información para el desarrollo.

 

En paralelo, el Secretario General de la ONU, António Guterres, lanzó un mensaje alineado desde la Cumbre de los BRICS celebrada en Río de Janeiro. Allí subrayó la urgencia de superar la brecha digital global y democratizar el acceso a la inteligencia artificial (IA). “Esta tecnología no puede ser patrimonio de unos pocos, sino que debe beneficiar a todos, y en particular a los países en desarrollo”, sostuvo Guterres.

Durante su intervención, Guterres alertó sobre el uso de la IA como arma y destacó la necesidad de respuestas multilaterales basadas en la equidad y los derechos humanos. En ese sentido, recordó que la Asamblea General de la ONU ha aprobado el Pacto para el Futuro, que prevé la creación de un Grupo Científico Internacional sobre IA, encargado de emitir recomendaciones independientes, accesibles y basadas en evidencia para todos los países.

Una arquitectura global por reformar

La regulación eficaz de la inteligencia artificial y otras tecnologías disruptivas no será posible —según Guterres— sin reformar las estructuras de gobernanza mundial. En su opinión, organismos como el Consejo de Seguridad de la ONU y el sistema financiero internacional siguen anclados en lógicas de poder del siglo pasado. Por ello, abogó por una modernización del multilateralismo que refleje la realidad de un mundo multipolar.

El Secretario General también aludió a las conclusiones de la reciente Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo (FFD4), celebrada en Sevilla, donde se reclamaron medidas concretas como aumentar la representación de los países en desarrollo en la gobernanza económica global, establecer mecanismos eficaces de reestructuración de deuda y triplicar la capacidad de préstamo de los bancos multilaterales de desarrollo, con financiación en condiciones favorables y en moneda local.

“Solo si abordamos estos desequilibrios estructurales, podremos garantizar que la inteligencia artificial se convierta en un verdadero motor de desarrollo sostenible e inclusivo”, concluyó Guterres.

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