
Pese a que las perspectivas agrícolas globales siguen siendo relativamente favorables, los organismos internacionales alertan de una creciente acumulación de riesgos que amenazan la estabilidad de los sistemas alimentarios. Según los últimos análisis de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la producción mundial de cereales experimentará una moderada corrección en 2026, aunque continuará situándose en niveles históricamente elevados gracias al respaldo de unas reservas abundantes.
De acuerdo con la información difundida por la FAO, la cosecha global de cereales alcanzará los 2.982 millones de toneladas, un 2% menos que el récord registrado el año anterior. Mientras tanto, el consumo seguirá creciendo a un ritmo más moderado, con un aumento estimado del 1%. Sin embargo, la organización advierte de que esta evolución no beneficiará por igual a todos los territorios, ya que el consumo per cápita en los países de menores ingresos podría reducirse un 0,4%.
El trigo será uno de los cultivos más afectados por esta tendencia. La producción mundial se situará en 810,9 millones de toneladas, un 3,8% menos que en la campaña anterior, debido principalmente a las previsiones de descenso en importantes regiones productoras como Australia, la Unión Europea y Estados Unidos.
Aunque la oferta agrícola mundial mantiene cierta fortaleza, la FAO y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) advierten de que la posible reaparición de un fenómeno El Niño de gran intensidad podría alterar significativamente este escenario.
Las previsiones apuntan a un aumento del riesgo de sequías prolongadas, inundaciones y tormentas extremas en diversas zonas de África, Asia, América Latina y el Caribe. Estos fenómenos podrían afectar de forma directa a las cosechas, los pastizales, la disponibilidad de agua y los medios de vida de millones de personas que ya viven en situaciones de vulnerabilidad.
Según señaló Máximo Torero, economista jefe de la FAO, los sistemas agroalimentarios muestran actualmente una capacidad de producción sólida, pero permanecen expuestos a amenazas que pueden deteriorar rápidamente tanto el suministro como el acceso a los alimentos.
Uno de los principales focos de incertidumbre identificados por la FAO se encuentra en el mercado internacional de fertilizantes. El organismo observa una creciente vulnerabilidad de las cadenas de suministro, especialmente por la dependencia de rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz.
Entre enero y abril de 2026, el comercio mundial de fertilizantes registró una caída estimada de entre el 20% y el 25% respecto al mismo periodo del año anterior. Aunque la presión sobre los precios se ha moderado en las últimas semanas, persisten las dudas de cara a la próxima campaña agrícola.
La ralentización de las compras en Europa y Norteamérica, especialmente de fertilizantes nitrogenados y fosfatados, se suma a la preocupación por posibles interrupciones logísticas derivadas de las tensiones geopolíticas en regiones clave para el transporte marítimo internacional.
El informe de la FAO también pone el foco en el encarecimiento de las importaciones alimentarias. La factura global alcanzó en 2025 los 2,2 billones de dólares, la cifra más elevada registrada hasta la fecha y un 7,9% superior a la del año anterior.
Este incremento se ha producido a pesar de la reducción de los precios internacionales de productos básicos como los cereales, el azúcar o las oleaginosas. La explicación reside en el mayor peso de alimentos de alto valor añadido, entre ellos cacao, especias, productos pesqueros, frutas, verduras y alimentos de origen animal, cuya demanda continúa creciendo especialmente en los países de renta alta.
Estos países concentran más de dos tercios del gasto mundial en importaciones alimentarias y registraron un aumento del 9,3% en sus compras exteriores durante el último año.
La FAO subraya además que la actual situación geopolítica incrementa la vulnerabilidad de los mercados alimentarios frente a posibles perturbaciones energéticas. Un encarecimiento repentino del petróleo podría trasladarse rápidamente a los costes de producción, transporte y distribución de alimentos, amplificando el impacto económico sobre consumidores y productores.
Ante este escenario, la FAO y el PMA han lanzado por primera vez un llamamiento conjunto de financiación preventiva para reducir los impactos humanitarios de un posible episodio severo de El Niño.
Las agencias de Naciones Unidas solicitan 202 millones de dólares con el objetivo de proteger a cerca de nueve millones de personas en 22 países considerados especialmente expuestos a los efectos de los fenómenos climáticos extremos.
La iniciativa busca financiar acciones anticipadas que permitan reforzar la resiliencia de comunidades vulnerables antes de que se produzcan pérdidas masivas de cosechas, ganado o recursos hídricos.
Entre los países incluidos figuran varios de África, como Etiopía, Somalia, Sudán, Sudán del Sur, Kenia o Mozambique; de Asia y el Pacífico, como Afganistán, Pakistán y Filipinas; y de América Latina y el Caribe, entre ellos Colombia, Guatemala, Honduras, Haití, El Salvador y Venezuela.
Las agencias recuerdan que esta amenaza climática llega en un contexto especialmente complejo, marcado por conflictos armados, desplazamientos forzosos, crisis económicas y episodios recurrentes de inseguridad alimentaria que ya afectan a millones de personas en todo el mundo.