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Cada 29 de octubre, el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo recuerda que sostener la vida es una responsabilidad colectiva. En un contexto de envejecimiento de la población, desigualdad de género y precariedad laboral, Naciones Unidas reclama transformar los sistemas de cuidados para garantizar derechos, reconocer el trabajo de quienes cuidan y construir sociedades más justas y sostenibles.
Cuidar, un derecho humano, no una responsabilidad individual

Cuidar es una necesidad universal. Todas las personas requieren cuidados en diferentes momentos de su vida y muchas también asumen la responsabilidad de proporcionarlos. Sin embargo, esta actividad indispensable para el bienestar social y el funcionamiento de la economía continúa distribuyéndose de manera desigual, especialmente entre mujeres y hombres. Reconocer el cuidado como un derecho humano supone cambiar esta realidad y avanzar hacia modelos que garanticen tanto el bienestar de quienes reciben atención como unas condiciones dignas para quienes la proporcionan.

Con este desafío como telón de fondo, cada 29 de octubre se conmemora el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, una fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas para visibilizar la importancia económica y social de estas tareas y promover sistemas de atención inclusivos, accesibles y basados en los derechos humanos.

Según explica la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el objetivo de esta jornada es impulsar una mayor inversión en la economía del cuidado, combatir las desigualdades estructurales y garantizar que todas las personas puedan acceder a los apoyos que necesitan, independientemente de su género, edad o discapacidad.

Del trabajo invisible al reconocimiento de un derecho humano

Durante décadas, buena parte de las responsabilidades de cuidado se han desarrollado dentro de los hogares, sin remuneración ni suficiente reconocimiento social. Atender a niños y niñas, acompañar a personas mayores, asistir a familiares enfermos, cocinar o limpiar son actividades imprescindibles para la vida cotidiana, aunque muchas veces permanezcan fuera de las estadísticas económicas tradicionales.

La economía del cuidado comprende tanto estas tareas no remuneradas como los empleos vinculados a su prestación profesional. Personal de enfermería, medicina, trabajo doméstico y otros servicios de atención forman parte de un sector esencial para el funcionamiento de las sociedades.

En este contexto, el reconocimiento del derecho humano al cuidado representa un avance fundamental para dejar de considerar estas responsabilidades como una cuestión exclusivamente privada o familiar. Este enfoque implica comprender que todas las personas deben poder recibir cuidados adecuados, cuidar en condiciones dignas y desarrollar su proyecto de vida sin que las responsabilidades de atención se conviertan en una fuente de discriminación o exclusión.

También exige reconocer que el cuidado no puede depender únicamente de la disponibilidad económica de las familias ni recaer de forma desproporcionada sobre las mujeres. Por el contrario, requiere políticas públicas, servicios accesibles y una distribución más equilibrada de las responsabilidades entre el Estado, las familias, la comunidad y otros actores sociales.

Una economía imprescindible que todavía reproduce desigualdades

El crecimiento de la demanda de cuidados plantea uno de los grandes retos sociales y económicos de los próximos años. El envejecimiento demográfico, las transformaciones de las estructuras familiares y la persistencia de las desigualdades de género hacen cada vez más urgente reorganizar la manera en que se prestan estos servicios.

La ONU advierte de que la falta de respuestas adecuadas podría desembocar en una crisis mundial de cuidados, con consecuencias especialmente graves para las mujeres, que continúan asumiendo una parte considerable del trabajo no remunerado.

Al mismo tiempo, la expansión de la economía del cuidado abre oportunidades para generar millones de puestos de trabajo. No obstante, el crecimiento del sector no garantiza por sí mismo empleos de calidad. Los bajos salarios, la insuficiente protección social y las condiciones laborales precarias siguen afectando a numerosas personas que desempeñan estas funciones.

Por ello, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) está reforzando sus iniciativas para promover condiciones laborales dignas para quienes trabajan en el ámbito doméstico, ante la previsión de un incremento de la demanda mundial de estos servicios.

La mejora de las condiciones de empleo constituye, por tanto, una dimensión inseparable del derecho al cuidado. No es posible construir sistemas de atención sostenibles sin garantizar derechos laborales, remuneraciones adecuadas y protección para las personas que sostienen diariamente estas actividades.

Redistribuir los cuidados para avanzar hacia la igualdad

Uno de los principales mensajes de Naciones Unidas en esta jornada es la necesidad de reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados no remunerado. Esto supone visibilizar su contribución a la economía, aliviar las cargas excesivas que soportan determinadas personas y promover una distribución más equitativa de las responsabilidades.

La transformación también requiere cuestionar los estereotipos que siguen asociando el cuidado con una obligación femenina. Estas expectativas sociales condicionan las oportunidades de empleo, la autonomía económica y las trayectorias profesionales de muchas mujeres.

A ello se suman otras formas de discriminación vinculadas al origen racial, la edad o la situación migratoria, que pueden agravar la vulnerabilidad de quienes trabajan en el sector.

Frente a estas desigualdades, la Asamblea General de la ONU insiste en la importancia de impulsar empleos dignos y adecuadamente remunerados, garantizar la igualdad salarial y proteger el derecho de las mujeres a participar en el mercado laboral, también cuando tienen responsabilidades familiares.

Sin cuidados no hay desarrollo sostenible

La conmemoración del 29 de octubre invita también a revisar qué lugar ocupa el cuidado en las prioridades económicas y sociales. Lejos de constituir una actividad secundaria, representa una condición indispensable para el bienestar colectivo, la cohesión social y el desarrollo sostenible.

Invertir en sistemas de cuidados sólidos e inclusivos no solo permite responder a las necesidades de niños y niñas, personas mayores, personas con discapacidad y quienes atraviesan situaciones de enfermedad o dependencia. También contribuye a mejorar las condiciones de trabajo, reducir las desigualdades y fortalecer las oportunidades de participación económica y social.

En este sentido, Naciones Unidas llama a gobiernos, organizaciones y ciudadanía a aprovechar esta jornada para aumentar la conciencia pública sobre el valor de los cuidados y promover medidas que sitúen estas responsabilidades en el centro de las políticas de bienestar.

Reconocer el cuidado como un derecho humano implica asumir que todas las vidas necesitan ser sostenidas y que esa responsabilidad debe distribuirse de manera justa. El desafío ya no consiste únicamente en visibilizar un trabajo históricamente infravalorado, sino en garantizar que cuidar y recibir cuidados deje de ser una fuente de desigualdad y se convierta en una garantía efectiva de derechos para toda la sociedad.

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