
El mundo encara la etapa decisiva de la Agenda 2030 con importantes conquistas sociales y ambientales, pero también con una distancia considerable respecto a los compromisos asumidos hace más de una década. Los últimos datos de Naciones Unidas muestran que los avances existen, aunque todavía no alcanzan la velocidad necesaria para cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
De las 139 metas para las que se dispone de información suficiente sobre su evolución, únicamente el 36% se encuentra en la trayectoria adecuada o presenta un progreso moderado. Otro 49% avanza con demasiada lentitud y el 15% ha retrocedido incluso por debajo de los niveles de referencia de 2015, según recoge el balance presentado por Naciones Unidas.
Las cifras fueron protagonistas del Momento ODS 2026, celebrado el pasado 18 de septiembre en la sede de la ONU en Nueva York, en vísperas de la Semana de Alto Nivel de la Asamblea General. El encuentro reunió a gobiernos, sociedad civil, sector privado, jóvenes y representantes del sistema de Naciones Unidas con la mirada puesta en cómo acelerar la implementación de la Agenda durante sus últimos años.
El retraso global convive con transformaciones significativas en servicios esenciales. Desde la aprobación de la Agenda 2030 en 2015, cerca de 1.000 millones de personas han conseguido acceso a agua potable gestionada de forma segura y alrededor de 1.200 millones han accedido a servicios de saneamiento.
También se ha ampliado considerablemente el acceso a la energía y la conectividad. La electricidad alcanza actualmente al 92% de la población mundial, frente al 87% de hace una década, mientras que el porcentaje de personas con acceso a internet ha pasado del 40% al 74%.
A estos progresos se suman, según Naciones Unidas, la reducción de la mortalidad materna e infantil, la prevención de millones de nuevas infecciones por VIH y una mayor cobertura de la educación, la protección social y las energías renovables.
El secretario general de la ONU, António Guterres, puso precisamente el foco en que estos resultados no se produjeron por inercia, sino gracias a políticas, inversiones y esfuerzos colectivos. Sin embargo, advirtió de que los compromisos adquiridos por los gobiernos todavía están lejos de materializarse plenamente.
Uno de los casos presentados en Nueva York fue el de Benín. Durante la última década, el país de África Occidental ha incrementado anualmente sus ingresos internos en el equivalente al 0,5% de su producto interior bruto. Además, en 2021 emitió el primer bono africano vinculado a los ODS, cuyos recursos contribuyeron a financiar actuaciones en ámbitos como la educación y el agua potable.
Los resultados muestran el alcance que puede tener esta movilización de recursos: en cinco años, la población con acceso a agua potable pasó del 40% al 80%. Asimismo, una zona industrial puesta en marcha en 2021 ha generado alrededor de 25.000 puestos de trabajo.
Aristide Medenou, ministro de Economía y Finanzas encargado de Cooperación de Benín, defendió durante el encuentro la necesidad de que los Estados aumenten su capacidad para movilizar ingresos propios y señaló también la importancia de involucrar al sector privado en el cumplimiento de los ODS.
Frente a estas experiencias positivas, las desigualdades continúan condicionando el desarrollo global. En 2025, alrededor de 2.100 millones de personas padecieron inseguridad alimentaria moderada o grave y aproximadamente una de cada diez seguía viviendo en situación de pobreza extrema.
A este escenario se añade una brecha anual de financiación para alcanzar los ODS estimada en unos cuatro billones de dólares. Al mismo tiempo, la asistencia oficial para el desarrollo descendió un 23% en 2025, mientras numerosos países destinan al servicio de la deuda recursos que podrían dirigirse a políticas y servicios sociales.
El presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, recordó durante el encuentro que, para numerosos países, la sostenibilidad constituye una cuestión de supervivencia.
La crisis climática introduce una presión adicional. Las políticas actuales mantienen al planeta en una trayectoria de calentamiento incompatible con el límite de 1,5 ºC recogido en el Acuerdo de París, con impactos especialmente severos para los territorios y poblaciones con menor capacidad económica para afrontar las pérdidas.
Conflictos armados, divisiones geopolíticas, debilitamiento de la cooperación internacional, emergencia climática, retrocesos en los derechos de las mujeres y las niñas y dificultades de financiación forman parte de los obstáculos que Naciones Unidas identifica para explicar el retraso de la Agenda 2030.
Ante este contexto, Guterres reclamó reforzar las inversiones en educación, salud, seguridad alimentaria, empleo digno y protección social, así como acelerar una transición justa hacia las energías renovables. También defendió mayores mecanismos de financiación y alivio de la deuda para los países en desarrollo y un aprovechamiento responsable de las nuevas tecnologías, incluida la inteligencia artificial.
La paz ocupa igualmente un lugar central en esta hoja de ruta. Tanto Naciones Unidas como los participantes en el Momento ODS señalaron que los conflictos no solo provocan enormes costes humanos, sino que también destruyen o paralizan los avances conseguidos en materia de desarrollo.
La proximidad de la fecha límite también ha reforzado las demandas de las generaciones más jóvenes. Durante el encuentro, representantes juveniles instaron a los gobiernos a recuperar la urgencia y el compromiso con los que aprobaron la Agenda 2030.
Entre ellos, Suzuka Nakamura, integrante de la iniciativa Jóvenes Líderes de la ONU para los ODS, recordó a los responsables políticos que fueron los propios gobiernos quienes asumieron esos compromisos y reclamó que los traduzcan en resultados.
El mensaje trasladado desde Naciones Unidas no pasa, por tanto, por abandonar una agenda retrasada, sino por utilizar los años que quedan para multiplicar las políticas que ya han demostrado resultados. La propia ONU sostiene que la transformación continúa siendo posible, pero requiere más inversión, cooperación internacional, alianzas y soluciones capaces de aplicarse a gran escala.
A menos de cuatro años de 2030, los datos dibujan así una doble realidad: la mayoría de las metas continúa fuera de la trayectoria necesaria, pero los avances logrados en agua, saneamiento, electricidad, conectividad o salud demuestran que acelerar el desarrollo sostenible sigue siendo posible cuando los compromisos se convierten en políticas y recursos concretos.