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Alrededor de uno de cada diez estudiantes del mundo sufrió interrupciones en su educación durante 2025 como consecuencia de fenómenos climáticos extremos, según un nuevo informe de UNICEF. Los efectos golpean con especial intensidad a los países con menos recursos y aumentan el riesgo de que las niñas abandonen definitivamente las aulas.
 La crisis climática también llega a las aulas

El cambio climático está dejando una huella cada vez más profunda en el derecho a la educación. Tormentas, inundaciones y olas de calor no solo obligan a suspender temporalmente las clases, sino que pueden dañar los centros educativos, desplazar a las familias y provocar que los estudiantes más vulnerables no regresen a las aulas.

Según informa UNICEF, cerca de 171 millones de estudiantes vieron interrumpida su escolarización por peligros climáticos durante 2025, una cifra equivalente aproximadamente a uno de cada diez alumnos desde la etapa preescolar hasta el final de la secundaria.

Las tormentas fueron el fenómeno con mayor impacto y afectaron a 109 millones de estudiantes. A continuación se situaron las inundaciones y las olas de calor. Sus consecuencias se tradujeron en cierres de centros, deterioro de infraestructuras, reducción de las horas lectivas, menor asistencia, enseñanza a distancia y un incremento del riesgo de abandono escolar.

La dimensión cotidiana de esta crisis puede observarse en Papúa Nueva Guinea. Cuando el arroyo situado junto a la escuela de Taudibura Garo, de 16 años, se desborda, el agua alcanza las instalaciones y las letrinas, haciendo que permanecer en el centro resulte insalubre.

“Normalmente, el agua nos llega a las rodillas e inunda las letrinas, entonces se vuelve insalubre quedarnos en la escuela y nos perdemos las lecciones que deberíamos aprender”, relató la estudiante.

Taudibura y sus compañeros se enfrentan, además, a la perspectiva de condiciones todavía más extremas este año. Se espera que un patrón de El Niño especialmente fuerte incremente el riesgo de episodios meteorológicos extremos durante los próximos meses.

La desigualdad también llega a las aulas

Aunque las alteraciones climáticas alcanzaron a estudiantes de distintos niveles socioeconómicos, su impacto se distribuyó de manera muy desigual. De acuerdo con UNICEF, tres de cada cuatro alumnos afectados viven en países de ingresos bajos y medios-bajos, donde los sistemas educativos suelen disponer de menos recursos para mantener el aprendizaje durante una emergencia.

Pakistán fue uno de los casos más significativos. Las fuertes inundaciones monzónicas registradas en agosto retrasaron el regreso a las aulas de más de 28 millones de estudiantes, convirtiéndose en una de las mayores interrupciones educativas asociadas al clima contabilizadas durante 2025.

En Egipto, una intensa tormenta de Khamsin, caracterizada por fuertes vientos y polvo, llevó a suspender las clases en todo el país durante una jornada de abril. La medida afectó igualmente a más de 28 millones de alumnos.

Las niñas afrontan mayores riesgos

La emergencia climática también puede profundizar las desigualdades de género. El informe advierte de que las niñas presentan una mayor probabilidad de abandonar los estudios que los niños cuando un fenómeno extremo obliga a cerrar o interrumpe el funcionamiento de las escuelas.

El deterioro de los centros y de sus instalaciones sanitarias, unido al desplazamiento de las familias y a la pérdida de ingresos, puede hacer que recaigan sobre ellas nuevas responsabilidades relacionadas con los cuidados y la recogida de agua. UNICEF señala que estas circunstancias también pueden elevar el riesgo de matrimonio infantil y dificultar su vuelta al sistema educativo incluso después de que las escuelas vuelvan a abrir.

“Para millones de niños, los peligros climáticos hacen algo más que interrumpir las lecciones: destruyen escuelas, desarraigan familias y empujan a los niños más vulnerables, especialmente a las niñas, fuera del aula para siempre”, advirtió Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF.

Una factura que puede prolongarse durante toda la vida

Las consecuencias de perder días o meses de escolarización pueden extenderse mucho más allá de la emergencia inmediata. UNICEF estima que, si no se adoptan medidas específicas, los estudiantes afectados por interrupciones educativas relacionadas con el clima en 2025 podrían dejar de percibir de forma acumulada al menos 200.000 millones de dólares en ingresos a lo largo de sus vidas.

El impacto también alcanza al conjunto de las economías. Una menor adquisición de conocimientos y el aumento del abandono escolar pueden reducir la productividad laboral, frenar el crecimiento económico y dificultar los esfuerzos de los países para combatir la pobreza.

Ante este escenario, UNICEF reclama a los gobiernos una mayor inversión en sistemas educativos e infraestructuras capaces de resistir los efectos del cambio climático. El objetivo, en palabras de Russell, es “proteger la educación de los niños de hoy y de las generaciones futuras”.

La adaptación climática se convierte así también en una cuestión educativa: garantizar que una tormenta, una inundación o una ola de calor no determine quién puede continuar estudiando y quién queda definitivamente fuera del aula.

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