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El envejecimiento de la población está obligando a revisar la manera en que se diseñan calles, barrios y espacios públicos. Aceras accesibles, lugares de descanso, cruces seguros, servicios próximos y zonas verdes son algunas de las claves para favorecer la autonomía durante toda la vida, según recoge una información publicada por Madrid Nuevo Norte.
Ciudades inclusivias ante el reto de una población más longeva

Las ciudades del futuro tendrán una población considerablemente más envejecida. Las Perspectivas de la Población Mundial 2024 de Naciones Unidas estiman que, a mediados de la década de 2030, habrá en el mundo más personas mayores de 80 años que bebés menores de un año. Una transformación demográfica que plantea nuevos desafíos para la planificación urbana.

Adaptarse a esta realidad va mucho más allá de adecuar viviendas o reforzar los recursos asistenciales. Como señala una información publicada por Madrid Nuevo Norte, implica pensar espacios urbanos que permitan desplazarse, relacionarse y participar en la vida cotidiana con independencia de la edad o de las capacidades físicas.

Esta perspectiva parte de una idea sencilla: una ciudad que facilita la vida de las personas mayores también suele resultar más cómoda para el conjunto de la ciudadanía. Quien empuja un carrito infantil, atraviesa temporalmente una lesión o vive con alguna discapacidad se beneficia igualmente de calles sin obstáculos y recorridos accesibles.

Caminar sin barreras

Mantener la autonomía depende en buena medida de poder realizar desplazamientos cotidianos sin ayuda. Llegar a pie hasta una tienda, una parada de autobús o un centro sanitario requiere que todo el itinerario funcione: desde la anchura y el estado de las aceras hasta la ubicación del mobiliario urbano o el tiempo disponible para atravesar un paso de peatones.

La accesibilidad debe entenderse, por tanto, como una cadena. Un solo obstáculo puede condicionar todo el trayecto. A ello se suma la proximidad de los servicios: cuando comercios, centros sanitarios o zonas verdes quedan demasiado lejos, aumenta la dependencia del automóvil, de familiares o de otras redes de apoyo.

Pontevedra ofrece un ejemplo de cómo situar al peatón en el centro de la transformación urbana. La reducción del tráfico, la ampliación del espacio destinado a caminar y la continuidad de los itinerarios han contribuido a crear un entorno más accesible. La ciudad desarrolló además Metrominuto, un plano inspirado en las redes de metro que muestra distancias y tiempos a pie entre distintos puntos, haciendo visible que numerosos desplazamientos urbanos pueden completarse caminando en pocos minutos.

Descansar también forma parte de la movilidad

La posibilidad de detenerse durante un recorrido puede determinar hasta dónde es capaz de desplazarse una persona. Por ello, elementos aparentemente sencillos como los bancos tienen un papel importante en la autonomía. La Organización Mundial de la Salud incluye precisamente la disponibilidad de asientos públicos correctamente situados y conservados entre las características de las ciudades amigables con las personas mayores.

Nueva York ha abordado esta cuestión mediante CityBench, un programa para instalar 2.600 bancos públicos, especialmente en paradas de autobús, calles comerciales y áreas con una elevada presencia de población mayor. La propia ciudadanía participó identificando los puntos donde necesitaba disponer de lugares para descansar.

Parques y plazas cumplen también esta función y añaden otras posibilidades: contacto con la vegetación, ejercicio físico suave y convivencia entre generaciones. En periodos de altas temperaturas, además, disponer de sombra a lo largo de los recorridos pasa de ser una cuestión de comodidad a convertirse en un elemento vinculado con la salud y la seguridad.

Más tiempo para cruzar y calles más seguras

Otro desafío aparece en los pasos de peatones. Muchos semáforos establecen tiempos pensados para personas que caminan a un ritmo ágil, mientras que una iluminación deficiente o una mala visibilidad pueden aumentar la percepción de inseguridad.

Entre las respuestas posibles se encuentran ampliar los tiempos de cruce, incorporar señales acústicas y reducir la velocidad del tráfico en calles residenciales. Córdoba, por ejemplo, ha puesto en marcha un sistema piloto basado en inteligencia artificial que detecta a personas con movilidad reducida y prolonga automáticamente el tiempo en verde del semáforo. La iniciativa fue planteada junto con asociaciones de personas con discapacidad.

La iluminación constituye otro componente relevante. Vitoria-Gasteiz ha renovado el alumbrado de determinados itinerarios peatonales y ciclistas a partir de los tramos que vecinos y personas mayores habían identificado como oscuros o inseguros durante la noche. Tras localizar estos puntos mediante las demandas y recorridos de la ciudadanía, se sustituyeron farolas por tecnología LED para reducir las zonas de sombra.

Madrid incorpora el envejecimiento a la planificación urbana

Madrid también ha introducido esta perspectiva en distintas políticas públicas. La capital pertenece a la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, promovida por la Organización Mundial de la Salud para favorecer que los entornos urbanos respondan al envejecimiento demográfico.

Entre las actuaciones desarrolladas figuran mejoras de accesibilidad en el espacio público, eliminación de barreras arquitectónicas, renovación de recorridos peatonales y refuerzo de zonas de estancia y espacios verdes en los barrios. El propósito es facilitar que las personas mayores mantengan sus relaciones, participen en la vida urbana y continúen formando parte activa de sus comunidades.

En el ámbito regional, la Comunidad de Madrid desarrolla asimismo programas dirigidos a impulsar la autonomía y el envejecimiento activo, reflejo de un desafío que implica a diferentes niveles de la Administración.

Diseñar hoy pensando en toda la vida

El aumento de la longevidad no supone únicamente un reto para las ciudades. También abre la posibilidad de construir entornos urbanos más inclusivos para todas las generaciones. Comprender cómo cambian las necesidades y las formas de utilizar el espacio a medida que envejecemos será cada vez más importante para la planificación urbana.

Las decisiones que se adopten hoy determinarán cómo podrá desenvolverse una población más longeva en las próximas décadas. Incorporar desde el principio criterios de accesibilidad, proximidad, descanso, seguridad y convivencia permite avanzar hacia ciudades capaces de acompañar a las personas durante todas las etapas de su vida.

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