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El aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas y los incendios forestales están obligando a Europa a reforzar su capacidad de anticipación. Frente a unos fenómenos extremos cada vez más frecuentes e intensos, la investigación financiada por la Unión Europea trabaja en sistemas de alerta temprana, adaptación urbana, protección de infraestructuras, soluciones basadas en la naturaleza y nuevas herramientas para reducir los riesgos sobre la salud.
Europa se adapta a un clima cada vez más extremo

El cambio climático ya está modificando los veranos europeos. Las olas de calor ganan frecuencia e intensidad y, durante este verano, las sequías y los incendios forestales han provocado víctimas y graves daños en diferentes puntos del continente. Mientras los servicios de emergencia concentran sus esfuerzos en responder a las situaciones más urgentes, Europa trata también de prepararse para un escenario climático que exige soluciones a largo plazo.

Según informa la Comisión Europea, la investigación y la innovación financiadas por la UE están desempeñando un papel fundamental en este proceso. A través de Horizonte Europa y de iniciativas como la Misión de la UE sobre Adaptación al Cambio Climático, diferentes proyectos buscan proporcionar a ciudades, regiones y comunidades conocimientos y herramientas para aumentar su resiliencia.

Anticiparse al calor y otros fenómenos extremos

Uno de los grandes avances se está produciendo en la capacidad para anticipar episodios meteorológicos peligrosos. Mejorar las previsiones permite que las administraciones puedan activar servicios sanitarios, emitir alertas y ofrecer recomendaciones antes de que las temperaturas alcancen niveles especialmente peligrosos.

El proyecto HealthRiskADAPT, por ejemplo, trabaja para que ciudades y regiones puedan conocer la distribución del calor a escala muy local, relacionarla con riesgos de enfermedad y mortalidad y disponer de instrumentos de planificación y alerta temprana.

La tecnología también se está aplicando a otros fenómenos extremos. MountResilience ha desarrollado una plataforma que combina herramientas de observación con un algoritmo de inteligencia artificial para anticipar inundaciones, incendios forestales y otros episodios meteorológicos. En Bulgaria, sus resultados han servido para instalar equipos de detección de incendios, entre ellos una cámara térmica capaz de identificar el calor antes de que el humo sea visible, facilitando así una reacción más rápida.

En el norte de Europa, AURORA analiza los riesgos derivados del calor extremo en la región boreal. En Tampere, Finlandia, un modelo de aprendizaje automático genera mapas detallados, con una resolución de un kilómetro, sobre el fenómeno de la isla de calor urbana. Esa información se integra en una herramienta que combina peligro, exposición y vulnerabilidad para identificar los barrios con mayor riesgo de sufrir golpes de calor.

Ciudades que necesitan adaptarse a su propia realidad

La adaptación climática no puede ser idéntica en todos los territorios. Por ello, otra línea de investigación europea busca determinar qué lugares y grupos de población presentan mayor vulnerabilidad y utilizar esa información para diseñar medidas adaptadas a cada contexto, contando también con la ciudadanía.

Los proyectos Impetus4Change y MULTICLIMACT apoyan a ciudades y administraciones locales en el desarrollo de sus propios itinerarios de adaptación. Barcelona, París y Praga están probando soluciones destinadas a disminuir el estrés térmico y reforzar la resiliencia urbana, con aplicaciones que pueden orientar tanto la planificación de las ciudades como las políticas de rehabilitación de viviendas.

También NEVERMORE proporciona herramientas para evaluar riesgos y diseñar estrategias regionales. En Murcia, uno de sus casos de estudio se centra en la sequía y la escasez de agua, mientras que en Sitia, Grecia, analiza los efectos combinados del calor y la falta de precipitaciones.

España participa además en MIRACA, un proyecto dedicado a proteger las infraestructuras críticas frente a los impactos climáticos. Su caso español estudia cómo pueden adaptarse las redes de transporte a los efectos simultáneos de olas de calor, sequías e incendios, con el objetivo de mantener su funcionamiento y seguridad en condiciones extremas.

Comprender lo que sucede durante la noche es igualmente importante. CARMINE profundiza en las dinámicas del calor urbano utilizando, entre otras fuentes, datos meteorológicos aportados de forma colaborativa. Sus estudios en Atenas y Barcelona analizan cómo el calor se acumula y permanece en las ciudades, un conocimiento que puede contribuir a diseñar medidas de mitigación más eficaces.

La naturaleza, parte de la respuesta

La adaptación tampoco depende únicamente de nuevas tecnologías. La conservación y restauración de los ecosistemas puede ayudar a reducir los impactos de las altas temperaturas y los incendios forestales.

En Portugal, Trees4Adapt estudia la recuperación posterior a los incendios y cómo la restauración de los ecosistemas forestales puede incrementar su capacidad para afrontar futuros episodios de calor y fuego.

A su vez, DRYAD, MED-IREN y DesirMED están probando soluciones basadas en la naturaleza frente a los riesgos combinados de sequía e incendios, especialmente intensos durante las olas de calor. Entre las actuaciones se encuentran la reforestación y la restauración de los suelos, medidas que favorecen la retención de humedad y contribuyen a regular las temperaturas locales.

El calor extremo se convierte también en un desafío sanitario

El incremento de las temperaturas plantea, además, un problema creciente de salud pública. Parte de la investigación europea se concentra por ello en proteger especialmente a las personas más expuestas o vulnerables.

ISMED-CLIM trabaja en países mediterráneos con sistemas de alerta temprana, recomendaciones personalizadas y planes de emergencia sanitaria evaluados mediante ensayos clínicos. En Grecia y España, el proyecto apoya a trabajadores al aire libre mediante alertas de calor y pautas para disminuir el estrés térmico. En Chipre e Italia, prueba medidas destinadas a reducir la exposición al calor de las mujeres embarazadas y favorecer un mejor descanso.

En la región montañosa del Tirol, MOUNTADAPT investiga cómo afectan las olas de calor a la salud y de qué manera pueden prepararse mejor los sistemas sanitarios locales. Mediante el análisis de datos y el uso de inteligencia artificial, sus investigadores estudian la relación del calor extremo con problemas de salud mental y enfermedades cardiovasculares y respiratorias, además de estimar cómo podrían evolucionar estos riesgos a medida que aumenten las temperaturas.

La UE destinó, además, 30 millones de euros el pasado año a nuevos proyectos orientados a ayudar a las ciudades a afrontar el calor extremo y proteger la salud y el bienestar, situando a los gobiernos locales y a las poblaciones vulnerables en el centro de las actuaciones. CLIMACARE, EUROASIS y PROTECT pondrán en práctica nuevas soluciones para determinar qué medidas permiten enfriar las ciudades y, al mismo tiempo, estudiar cómo pueden ampliarse y financiarse para que lleguen a un mayor número de municipios europeos.

La sucesión de olas de calor, sequías e incendios evidencia que la adaptación climática ha dejado de ser una cuestión exclusivamente de futuro. Los proyectos impulsados con financiación europea muestran un abanico de respuestas que combina ciencia climática, inteligencia artificial, planificación urbana, salud pública, protección de infraestructuras y restauración de ecosistemas. Una estrategia que busca no solo reaccionar ante la próxima emergencia, sino conseguir que los territorios europeos estén mejor preparados para convivir con un clima cada vez más extremo.

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