
España continúa situándose entre los países con mejores resultados en materia de desarrollo sostenible, aunque los avances muestran signos de estancamiento. Así lo refleja la 11ª edición del Informe sobre el Desarrollo Sostenible (SDR), elaborado por SDSN y presentado en España por REDS-SDSN Spain, que mantiene al país en la posición 16 de un total de 169 Estados analizados, con una puntuación de 81,2 sobre 100, prácticamente igual a la obtenida en la edición anterior.
Según recoge el informe, España también mejora su posición relativa respecto a la media de los países de la OCDE en el Índice de Spillover Internacional, un indicador que analiza el impacto que los modelos de producción y consumo de un país generan sobre el resto del mundo. Aunque su puntuación desciende ligeramente, de 69,6 a 68,4 puntos, continúa situándose por encima de la media de la OCDE, fijada en 67,7.
El documento llega en un momento decisivo para la Agenda 2030. A escala global, el informe señala que únicamente el 16% de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) podrá alcanzarse dentro del plazo previsto. Pese a ello, la gran mayoría de los Estados miembros de Naciones Unidas mantiene su respaldo al marco del desarrollo sostenible, aunque algunos países han comenzado a cuestionar abiertamente este modelo y el papel de las instituciones multilaterales que lo impulsan.
En el caso español, el informe destaca algunos avances. Entre ellos figura el incremento de la inversión en investigación y desarrollo, que pasa del 1,4% al 1,5% del PIB, así como el mantenimiento de una posición destacada en el conjunto de países con mejor desempeño en los ODS.
No obstante, el estudio también identifica ámbitos en los que será necesario reforzar las políticas públicas. Entre ellos se encuentra la participación de las energías renovables en el consumo final de energía, que retrocede del 19,0% al 18,2%, así como ligeros descensos en los indicadores relacionados con la libertad de prensa y la percepción de la corrupción.
Según el informe de SDSN, estos retos no son exclusivos de España. Los países que encabezan la clasificación siguen encontrando mayores dificultades para avanzar en los objetivos vinculados a las ciudades sostenibles (ODS 11), el consumo y la producción responsables (ODS 12), la acción por el clima (ODS 13), la conservación de los ecosistemas marinos (ODS 14) y la protección de los ecosistemas terrestres (ODS 15).
Durante la presentación del informe, la presidenta de REDS-SDSN Spain, Estíbaliz Sáez de Cámara Oleaga, subrayó que mantener posiciones de liderazgo no es suficiente si ese liderazgo no se traduce en resultados concretos. En este sentido, defendió la necesidad de acelerar la implementación de las políticas de desarrollo sostenible mediante inversiones sostenidas, planificación a largo plazo y una mayor coordinación entre administraciones, sociedad civil y sector privado.
El informe identifica además ocho prioridades para impulsar la implementación de los ODS durante los próximos años. Entre ellas figuran el fin de los conflictos armados y la reorientación del gasto militar hacia el desarrollo humano, el fortalecimiento de la cooperación y la inversión en los ámbitos continental, regional y local, la creación de nuevos mecanismos de financiación para bienes públicos globales y el desarrollo de marcos de gobernanza internacional para tecnologías emergentes como la inteligencia artificial y la biotecnología.
En esta misma línea, el vicepresidente de SDSN y coordinador principal del informe, Guillaume Lafortune, sostiene que la siguiente etapa del desarrollo sostenible debe centrarse en la implementación efectiva de las medidas previstas, apoyándose en una arquitectura financiera renovada y en una mayor implicación de las instituciones regionales y locales, las universidades y la sociedad civil.
La publicación sobre el Desarrollo Sostenible 2026 se ha elaborado a partir de cerca de 250.000 puntos de datos y más de 200 perfiles de países y regiones desarrollados por el SDG Transformation Center de SDSN. Además del Índice de los ODS, incorpora el Índice de Apoyo al Multilateralismo (UN-Mi), que evalúa el grado de compromiso de los Estados con el sistema de Naciones Unidas y la cooperación internacional.